ArtÃculo leido 426 veces.
Ramón Echeverri Peláez
Hoy educadores y padres de familia viven sometidos dictatorialmente al yugo de hijos y alumnos.
Ellos tienen el mando en sus hogares e instituciones educativas, gritan fuerte a sus padres y deciden el menú familiar. Retan a los profesores y poco les importan las sanciones; llegan por la noche a sus casas a la hora que quieren; no resisten que se les pida hacer “un mandado” a la tienda del barrio; no hacen las tareas o trabajos escolares; si en la casa solo hay un televisor, los adultos no pueden ver la programación que les gusta; se acuestan a la hora que quieren y después pobre mamá para hacerlos levantar, para irse a estudiar, y luego ¡qué problema con el desayuno! No se trata de niño(a)s o jóvenes ”problema”, sino que hacen parte de una generación que sienten que los derechos son para ellos y que los deberes y obligaciones son para los padres de familia y profesores, porque muy sutilmente así lo determinan las leyes colombianas. ¿De dónde sale esta “voltereta”, si antes eran el padre y la madre quienes llevaban las riendas del hogar?
Esto es lo que hace parte de un fenómeno sociocultural que sicólogos y sociólogos han denominado como los “Children Tayrants” a quienes les gusta mandar y que no los manden. Quieren todo, pero ¡ya! Sus caprichos para ellos siempre serán prioridad; no conocen el respeto por la autoridad. Sienten que tienen atribuciones para gritar, mandar, ofender, amenazar, violar las normas de urbanidad, romper las reglas; en fin sentirse que ellos son autónomos.
Los padres de familia y educadores, están confundidos; no saben si imponer límites claros a los hijos o hacerse amigos de ellos. Temen que si imponen un patrón de conducta a sus hijos lo asocian con un ser déspota y no quieren ser papás “mala sangre” y que su hogar o su colegio sea calificado como un regimiento; entonces en aras de la mal llamada democracia y la libertad adoptan una actitud facilista y que hijo(a)s o alumno(a)s hagan lo que ellos decidan.
Un padre irresponsable, vicioso, agresivo, de vocabulario soez ¿qué puede exigirles a sus hijos? lo mismo puede predicarse de los educadores; además muchos de estos niño(a)s y jóvenes son los huérfanos del siglo XXI, víctimas de una variación agresiva de la economía familiar, cuando tanto la madre como el padre de familia tienen que trabajar para el sostenimiento del hogar; antes la mujer era la educadora eficaz y el padre se encargaba del sostenimiento; hoy no sucede así; desde pequeños son «embutidos» en guarderías y salacunas y solo en forma, ven a sus hijos los fines de semana porque es la mucama la que los acuesta y la que los levanta; o “que me le unta” cuando no es que ambos tienen que ir al extranjero, dejando al niño (a) o al o la joven al cuidado de los ya ancianos abuelos o de un tío o tía; así, los padres no disfrutan de sus hijos, ni los hijos disfrutan de sus padres; dónde queda el afecto, el consejo, la orientación y el cuidado y así queremos una generación de niños y jóvenes que actúen dentro de los esquemas normativos. Los procesos de formación de los niño(a)s y de los jóvenes son en cadena y no, eslabones sueltos. Todos hacemos parte de esta cadena. La culpa es de la vaca.
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