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William Ramírez V.
Ha comenzado a levantar ampollas el proyecto de acto legislativo 13 del Congreso y motivo para el polémico debate parlamentario sobre un nuevo sistema de regalías tras la pretensión de reformar dos artículos de nuestra Constitución.
El gobierno aspira a delinear un ecuánime marco del hoy vigente, para la distribución el ahorro de los ingresos generados por la explotación de recursos no renovables, entre ellos: los hidrocarburos, carbón y níquel y de los cuales ciertas entidades territoriales dilapidan sin tasa ni medida en contra de nuestros mismos intereses como si viviéramos en dos países distintos.
Con decir, que las regalías que reciben por esta gracia de la naturaleza, ronda por los 7,4 billones de pesos; y si la ansiada y pregonada bonanza llega o no, se estima que recibirán la friolera de 10,3 billones; en tanto, otras regiones del país padecen de las vicisitudes propias de la pobreza y la miseria por la falta de un presupuesto, acorde con sus requerimientos y desarrollo.
Para nadie es un misterio que el Ejecutivo busca que esta riqueza minera y petrolera, sea equitativa y no afecte la macroeconomía tal como lo consideran los expertos debido a su demasiada volatibilidad.
La razón es que el desgreño y la corrupción han venido dilapidando lo que produce el subsuelo, durante 15 años. Las cifras son alarmantes, y 42,2 billones de pesos se esfumaron como por arte de magia en obras suntuarias e inútiles. Ingenio de la deshonestidad que es capaz de raponear y henchir sus bolsillos, a costa de una riqueza que a todos nos pertenece por igual.
Un signo perverso de nuestro tiempo que no se para en mientes. Baste decir que la misma Procuraduría denunció el escandaloso escamoteo al fisco, por cuatro billones de pesos en 750 departamentos y municipios, sin que la justicia haya aplicado condignos y ejemplares castigos; en tanto se va camino de la impunidad.
El presidente Santos y sus ministros de Hacienda y Minas desean que esta grave problemática de la distribución de la regalías, se oriente por una saludable gestión y gerencia para la efectividad en la selección de impulsar los proyectos sustanciales a fin de crear un verdadero desarrollo. Y propiciar una nueva mentalidad, ética y moral en la inversión de estos recursos, que poco han beneficiado las necesidades básicas de la población de los territorios que disfrutan de este privilegio, y a los demás mucho menos.
No es justo que de las riquezas del subsuelo se hayan lucrado 17 departamentos y 60 municipios; y más aun: Casanare disfrute del 23%, Circunstancia que ha motivado al Gobierno, “a crear una bolsa única de la cual podrán beneficiarse entidades territoriales menos afortunadas y que alimentaran un fondo de estabilización, dos de desarrollo y compensación regional, las pensiones e inversión en tecnología”.
Es la búsqueda de mayor igualdad y equidad regional e interregional, sin que pueda interpretarse de retaliación por equivocada destinación que se le han dado a unos dineros, tristemente invertidos o aprovechados para la dolosa solvencia de los corruptos.
Es necesario que se ponga en cintura la distribución de las regalías, para que las demás regiones tengan acceso a esas apetecibles disponibilidades económicas que habrán de redimirlas de sus angustias fiscales; pues solamente alcanzan para gastos de funcionamiento y en penosa espera de emprender obras vitales cada vez más lejanas de una mejor calidad de vida.
Tenemos el caso del Eje Cafetero, cuyos gobernadores se quejan que Plantación Nacional califica sus índices de pobreza, sin consultar la descarnada realidad que afrontan sus municipios. A Risaralda, por ejemplo, se le atribuye un 86% en pro de las soluciones a sus problemas básicos, cuando otro es el panorama y el agobio social y económico que se afronta.
El gobernador casi desde su posesión, denuncia a los cuatro vientos la necesidad de mas ayuda del gobierno central, pero que los oídos sordos de los mandos medios no escuchan.
En tal coyuntura, busca el frecuente apoyo de los gremios, los dirigentes políticos y de quien le conduela la región, para la solución de latente estados de cosas que ya comprometen la convivencia y está creando hondos distanciamientos que vulneran derechos fundamentales de un población sin empleo, marginada de mejores opciones de vida digna y con un porvenir nada halagüeño… E igualmente esa debe ser la misma tónica en otros departamentos, por causa de inadecuada distribución de la riqueza del subsuelo que otros se engullen sin nada positivo para su comunidad.
Es así, como en manos del Congreso queda la suerte y el destino de la nación, donde deben primar la mesura y la evidencia de deprimente realidad que se padece; y es menester estar por encima del bizantinismo, influido por singulares intereses creados e inconvenientes para el país. Y en verdad, no se pueden seguir prohijando y deben sujetarse a una institucionalidad sólida sin privilegios.
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