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Óscar Alberto Díaz García
La Corte Constitucional acaba de emitir sentencia, respecto a espectáculos públicos, tales como la riña de gallos y las corridas de toros.
Para mantener y respetar las tradiciones culturales, se permiten las corridas, pero condicionando el espectáculo con restricciones que suenan a incongruencia. La constitucionalidad de la norma, pero condicionada, ya suena a contradicción.
El tema que ocupa a la Corte, puede parecer superfluo, pero contiene elementos que vistos a fondo, lo hacen serio; por algo hubo la demanda, dado que estos espectáculos contienen actos de maltrato, antes, durante y después del mismo.
La Corte, al estilo de Poncio Pilatos, pareciera lavarse las manos, diciendo que debe de propiciarse que en el futuro se hagan con menos dolor, o sin el. Ignoran tal vez el trato violento que debe sufrir el toro antes de la corrida, dado que para lidiarlo mejor, lo enceguecen, lo purgan, le inducen diarrea, lo deshidratan para debilitarlo, le golpean los cojones para humillarlo y disminuirlo, para no mencionar más.
Y para iniciar, lo recibe el picador con su vara, es decir una lanza pesada y aguda que clavada en el morren hace estragos, para terminar con en empuje y potencia del animal.
Lo que sigue, es bien sabido; banderillas, estoque, puntillazos, y demás. La Corte menciona en su sentencia la tradición cultural, importada además, pues nuestros indígenas nunca toreaban, sin tener en cuenta que en el país de donde vino, España, ya se comenzó a proscribir.
Es nuestro atraso mental. Tan sólo me queda la inquietud de adivinar cuando es el futuro, y como se mide el menos dolor. Tal vez el futuro es mañana mismo, o en diez años? Y lo de menos dolor? que el Congreso legisle, que para eso son.
Los golpes a los testículos del toro habrían de ser con más afecto, la lanza terminada en punta con forma de corazón, las banderillas de goma adhesiva, y el estoque de icopor.
Pero en esto de las sentencias, el presidente del Congreso, Armando Benedetti, no se queda atrás; acaba de pronunciar oraciones lapidarias, respecto a su opinión sobre las reformas a la justicia. No se cambiará una letra, para reformar la justicia, si no hay concertación; “palabra de Benedetti, te alabamos Señor”… Como si una eventual reforma de fondo a la justicia fuese posible de concertar, cuando los funcionarios públicos, empleados del estado, (eso son) que conforman la rama judicial, se creen intocables gracias a la manida y mal invocada y entendida independencia de los poderes.
Que opinen y propongan, esta bien; que intervengan en la discusión de los proyectos de reforma es valido, pero de ahí a pretender que haya concertación, es una utopía pueril.
Las leyes las hace el legislador. Las cortes, todas, están interesadas en mantener su estatus actual, que les permite colegislar, y casi que cogobernar, sin que nada ocurra. La majestad de la justicia solo existe hoy en Colombia, sobre el papel. Sería mejor que se dediquen a lo de los toros, aunque en eso también les está yendo mal.
oscaralbertodiazgarcia@hotmail.com
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