ArtÃculo leido 263 veces.
Héctor Tabares V.
De manera alguna puede constituir un descubrimiento el aludir a la causa de muchas desgracias y accidentes acaecidos en nuestro medio y el porqué de las mismas y lo más doloroso, de la forma como ellos pudieron evitarse, descontando la tesis de un sino o de la predestinación.
Lo cierto de todo ello, es que en numerosas actividades siempre ha sucedido lo pertinente, lo de referirse a una falla humana, no tanto técnica. El argumento socorrido en las situaciones en cuestión es el de existir una superioridad marcada entre la estructura mecánica de las máquinas dirigidas y atenerse a su capacidad y voluntad.
Una sola mirada alrededor de la ciudad y de lo llevado a cabo por todos los habitantes en sus diversos modos de encarar la vida, conduce a percibir la cruda realidad y de advertir angustiosamente, antes no afloran esas críticas circunstancias en la urbe.
Uno no sabe cuándo va a presentarse un hecho triste, pero observando el discurrir de las municipalidades, de los centros en particular, resulta lamentable el percatarse de los peligros a futuro en el estilo de ejecutar las gentes, una clase determinada de acciones, supuestamente en bien del conglomerado o con el objeto de buscar la comodidad del usuario, o en general, los servicios imperativamente efectuados en razón de la multiplicidad de asuntos a cargo de compañías privadas o del Estado, precisamente las censuradas acida y permanentemente en el entendido de esta en el deber de prestarlos acertada y profesionalmente.
Citando uno de los variados casos vistos y de común ocurrencia, es el transporte y el empleo indebido de los aparatos creados y convertidos en el principal medio de destrucción propia y ajena. Al margen de tales aspectos en otrora traídas a colación en este espacio, son otras las inquietudes asomadas a la ventana de la potencialidad del riesgo o a la inminente presencia de los dispositivos y herramientas improcedentemente usadas, irresponsablemente manipuladas, absolutamente inconsistentes en el mantenimiento.
Así, las desatenciones campean en los comportamientos de las personas, de aquellas encargadas de vigilar, de hacer rastreos, de suministrar elementos de producción orientadas a darle jerarquía a una gama indefinible de procedimientos, donde el individuo tiene la obligación de adaptarse a los manuales y directrices trazadas y de operar instrumentos.
Quién, verbi gracia, garantiza un buen manejo de estos menesteres, cuando una empresa X obtiene los permisos exigidos y es cumplido en los requisitos de funcionamiento, continuó en el propósito de sostener en aceptable estado las correspondientes instalaciones, si han obrado a tono las indicaciones referentes a una verificación constante encaminadas a establecer la seguridad en el movimiento acorde a las instrucciones inherentes al tipo de oficio desempeñado.
Es posible albergar la certeza suficiente y afirmarse no hay de qué preocuparnos porque gozamos de guardián en la heredad. Es viable despejar cualquier duda o incertidumbre y acariciar la adecuada convicción, sustentada, de haberse dado la preparación y fundamentación idóneas destinadas a prever una mínima expresión de error o de equivocación.
Es atinado enviar los mensajes de tranquilidad necesarios en vías a decirle a la comunidad, prevalecen los oportunos y convenientes pasos en el proceso de conservar la legitimidad de los rendimiento, la eficacia de las intervenciones, la lealtad de parte de los trabajadores y la concentración respectiva en una buena planeación, en la actualización y en el seguimiento señalado en los compendios. Interrogarse acerca de si los entes a cuyo cuidado se encuentra la inspección y control de lo concerniente, poseen los equipos y las calidades del caso, a efecto de ejercer la correcta auditoría y revisión y proporcionar al contribuyente, al ciudadano, la categórica manifestación de supervivencia
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