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Alejandro Álvarez Ángel
Es triste ver que creer en la palabra de la gente se ha perdido. Con esto me refiero a que, cuando las personas prometen algo de manera oral, no suele ser cumplido porque el valor de cumplir algo que se ha dicho pero no está escrito se ha perdido en este país.
A mí me gusta hablar con personas que han vivido muchas experiencias en sus vidas para aprender de ellas y tomar sus vivencias como posibles enseñanzas. En muchas ocasiones, personas prestigiosas de la ciudad se quejan o se molestan por la falta de seriedad de algunos individuos al momento de realizar negociaciones.
Actualmente, estoy involucrado en una negociación de la ampliación de un apartamento en una zona residencial antigua de Pereira en la cual está involucrado un señor al cual yo creía muy serio y él se hacía pasar por la persona más formal y humilde al momento de negociar.
Comenzamos la negociación y esta persona muy tranquilamente ofreció cosas muy interesantes para poder cerrar el trato. Yo, como hombre precavido y desconfiado que soy, todo lo hice firmar y lo plasmé en actas para que no hubiera manera de retractarse en algún momento. De todas maneras, jamás me imaginé que tendría que llegar a utilizarlos.
Todo iba caminando con tranquilidad hasta que llegó el momento del pago y de cumplir lo prometido. Este señor comenzó a evitar el pago. Antes decía que él era millonario, que solo quería comenzar a construir y que solo requería el permiso para él entregar el cheque de una vez. Pero, cuando llegó la fecha de hacerlo, comenzaron las disculpas, los enredos, la falta de lapiceros y de chequeras, etc, hasta el punto que me tocó parar el arranque de la construcción hasta que no pagara.
Obviamente, sabiendo que él era el maleducado, patán y grosero, terminó gritándole a mi secretaria, diciendo barbaridades de mí y de la manera en que hice las cosas. Qué descaro. Esta gente no sabe respetar ni sabe cómo hacer las cosas. Quieren sacar ventaja por todas partes y luego lo vienen a insultar a uno por hacerse respetar y hacer cumplir lo negociado.
Después de este lamentable episodio, me amenazó con no cumplir lo que había prometido realizar al momento de la negociación. ¿Por qué los colombianos seremos así? ¿Por qué nos comprometemos con cosas que luego buscamos evadir o evitar cumplir para obtener mayores utilidades o gastar menos? ¡Colombianos, debemos ser serios! Si ofrecemos algún tipo de contraprestación por algún negocio, cumplámosla.
Eso de cambiar las reglas en la mitad del partido es de gente ladrona, ventajosa, desleal, etc. Pues este señor intentó hacerlo y sigue intentándolo. Como lo dije anteriormente, todo lo dejé plasmado en actas y me sirvió para obligarlo a cumplir uno de los puntos en los que quiso retractarse.
Actualmente continúo en esa guerra de poderes. Este despreciable señor intentando sacar ventaja (no de la buena, siempre es tratando de tumbar) para obtener mejores beneficios y yo a tratar de hacerle cumplir lo que él se comprometió a realizar. Seguiré metido en este inconveniente por mucho tiempo.
No sé porqué las negociaciones en Colombia se volvieron de un tira y afloje tan aburridor. En experiencias que he tenido, al momento de realizar negocios con personas en Ecuador o en Estados Unidos, esa gente no pide descuentos, ni dice mentiras para obtener beneficios. Las cosas se dicen claras y todo se ofrece tal como es. Así deberíamos ser nosotros. Dejemos de ser ventajosos como este señor.
Que nuestra palabra y compromisos verbales valgan. Que se pueda confiar en las promesas de los demás. Pero lo que se está usando es siempre buscando tumbar a nuestro vecinos. Siempre buscando beneficiarnos más nosotros y tratando que los otros pierdan para quedar como los más “vivos” o “avispados”. No más eso.
Esta es la misma causa del porqué las licitaciones en Colombia siempre cuestan más de lo pactado al inicio o siempre las construcciones se deterioran antes de tiempo tumbando en la calidad. Hay que cambiar esta cultura.
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