Date
Martes, Noviembre 13 - 2018 Pereira - Colombia

Facebook Twitter Google Plus One
 
Testeo de la Modal Window |
LAS ARTES

Artículo leido 1283 veces.

Apuntes para una futura historia de Apía
Publicado 31/07/2016

Francisco Javier López Naranjo

«Salve raza del pueblo nativo,
noble sangre en crisol mestizada.
A pesar de su ocaso Dios quiso
reforjar del rubí nuevas razas.
Y por ello en encuentros de mundos
sangres varias se hicieron hermanas,
y fundieron su esencia divina
en auroras de amor y esperanza».
Canto final (El ocaso de un pueblo)



La historia no es una ciencia exacta y por lo tanto está sujeta a grandes rectificaciones. Generalmente el historiador se basa, para sus investigaciones, en antiguos documentos o relatos no muy fiables, pues en ellos se refleja la particular interpretación de un hecho por parte de un testigo, un cronista o de la ideología dominante en una época, país o región.
Hace años me pareció escucharle a alguien que don Raúl Morales, en una de sus célebres clases de historia en el antiguo Santo Tomás de Aquino de Apía, dijo: «Cuando una región no conoce su historia termina por inventársela». Y Apía no podía ser una excepción.


Todavía en el inconsciente colectivo apiano se da por sentado que las montañas en las que está enclavado nuestro municipio fueron habitadas por los indios apias, cuyo cacique era el aguerrido Tucarma. Y esto es lo que se enseña en los establecimientos educativos y aparece en algunos manuales de historia. Lo que es inexacto, pues el cronista del conquistador Jorge Robledo, Juan Bautista Sardella, escribió: «…Quedaban solamente por pacificar los señores e indios de un valle que se dice Apía… Y estando el capitán de parada en un pueblo que se dice Chatapa, supo cómo un cacique de aquel pueblo, llamado Tucarma, había muerto algunos indios de las provincias de aquel pueblo comarcanas, que venían a la ciudad a servir a los españoles. Hecho todo lo que había que hacer en este pueblo de Chatapa el señor capitán se partió para el valle de Apía que estaba allí jornada y media…».


Teniendo en cuenta lo anterior y el recorrido que hizo Robledo para sojuzgar a los indómitos nativos del valle de Apía, se deduce que ellos no vivieron en nuestras montañas sino en una región del valle del Risaralda, posiblemente entre Viterbo y Apía, y que el soberano de dichos indígenas no fue el valiente Tucarma, quien era un cacique del pueblo de Chatapa, situado a jornada y media del valle de Apía.


El historiador Luis Gómez Duque, en la Historia Extensa de Colombia, V. 1, T. 2, en el mapa de la página 152, sitúa a los indios chancos en montañas que corresponden a Apía; pero parece ser que estos habitaron en el departamento del Valle del Cauca, según la crónica de Fray Pedro Simón sobre el sometimiento de los indios chancos y la fundación de Roldanillo (Noticias historiales, T. VI, p. 235. Biblioteca Banco Popular, 1981).


Entonces… ¿Cuáles fueron los nativos del territorio que actualmente ocupa el municipio de Apía? La respuesta verdadera es muy simple: no se sabe. Y no se sabe por la sencilla razón que hasta nuestro territorio no alcanzaron a entrar los conquistadores con sus cronistas y ambiciones, ni se conserva rastro de la lengua de sus aborígenes. Constituyen un enigma histórico.

 

La palabra
En cuanto al origen de la palabra Apía también es controvertido, pues este vocablo se encuentra en varias culturas del mundo.
En la antigua Roma se empleaba como nombre propio: «Apio». Existía la famosa «Vía Apia» con las divinidades «apias»; y en la epístola de Pablo a Filemón se habla de una mujer de nombre «Apia».


También Apia es la capital de Samoa occidental en la Polinesia (Oceanía). Cabe anotar que algunos historiadores, como Paul Rivet y el colombiano Manuel Casas Manrique, han investigado las vinculaciones de los indios americanos con Oceanía. Y se fundamentan en semejanzas antropológicas, lingüísticas y de cultura material. El historiador Gerardo Naranjo López, autor de Apía a través de la historia (Fondo Editorial. Gobernación de Risaralda, 1986), era partidario de la hipótesis de que nuestros indios provenían de Oceanía.


El historiador Alfredo Cardona Tobón sostiene que la palabra Apía se deriva de Appa, nombre con que designaban los nativos al Río Risaralda, de ahí el nombre de Valle de Apía. Curiosamente en sánscrito la palabra «apas» está vinculada con el agua.
El Pbro. doctor Isaías Naranjo Ríos, apiano, inclusive lanzó la hipótesis que los españoles denominaron Apía a dicho valle por cultivar allí intensamente los indios la industria de la apicultura (del latín «apis»: abeja). Cieza de León, otro de los cronistas de la conquista, habla del apogeo de esta industria en el área quimbaya.


Finalmente en el libro Literatura de Colombia aborigen (1978), de Hugo Niño, se afirma que Apía se deriva del vocablo emberá «abi», que quiere decir: nutria. Apía significaría: Alto de la nutria.

 

Tatamá
En cuanto a la palabra Tatamá, parque nacional natural, macizo tutelar de Apía y de otros municipios, también tiene una raíz universal: en lenguas de Asia, África, Europa y América, «Tata» significa padre. Es corriente en muchas lenguas de negros. Es voz quechua. Entre los emberá tiene la acepción de padre y la de abuela. Tatamá significaría: cerro Padre o montaña Abuela.
En su monumental libro Apía, tierra de la tarde, música en la montaña (Editorial Manigraf, 2011), el Maestro Octavio Hernández cuestiona la versión de Gerardo Naranjo López sobre el recorrido de los primeros colonizadores de Apía: «Gerardo Naranjo, en su imprescindible obra Apía a través de la historia , pone a José María Marín y Julián Ortiz a transitar de Caramanta hacia el sur, al territorio de los antiguos apias y luego al norte …Siguiendo el trazado de antiguos mapas, el relato de viejos caminantes, las indicaciones de sudorosos arrieros, los primeros colonos tuvieron que transitar de Caramanta a Anserma y de ahí a lo que luego conformaría el territorio apiano, siguiendo la ruta del Camino real de occidente, en su variante más occidental. Sería absurdo ponerlos a ingresar al territorio apiano desde Caramanta dando la vuelta por el Chocó, enmarañado, insalubre y anegado...».


Pero, a menudo, los acontecimientos históricos son ilógicos, por no decir que absurdos. Además, hay que tener muy en cuenta que don Gerardo se basó no «en un estornudo lírico» de su musa poética sino en la información de lo que se denomina una fuente primaria de la historia, un testigo directo de los acontecimientos: Raquelita Marín, hija de José María, uno de los primeros colonizadores, la cual acompañó a su padre desde Anserma hasta el territorio actual de Apía, durante cinco días, «por trochas y senderos casi intransitados», según afirma don Gerardo en su libro, después de que José María regresara por ella y Encarnación, la esposa, para establecerse en su nueva heredad. Fueron frecuentes las visitas que le hizo don Gerardo a Raquelita con el fin de obtener datos sobre estos sucesos.
Queda pues la duda, de cuál fue, a ciencia cierta, la ruta que siguieron nuestros colonizadores.

 

Cuestionamientos
Por lo que vemos, los terrenos de la historia son muy movedizos; y, como no quiero naufragar en ellos, dejo hasta aquí estos cuestionamientos, con la esperanza que los científicos inventen, al fin, la máquina para ver el pasado y salirnos de dudas. Me parece que lo verdaderamente importante es el presente: somos un pueblo mestizo, hijo de Antioquia Grande y «Echao pa`lante», cuyo mayor logro en estos 133 años de fundación no es su valioso patrimonio cultural y artístico sino el grado de convivencia pacífica y amorosa adquirido. Según narra el ilustre maestro Valentín Garcés en la revista Cruz y Bien (n.° 15, 1923): «…Hay que advertir que, más o menos, la tercera parte del vecindario hasta 1898, se componía de bandoleros y prófugos de las cárceles de Antioquia. Las fechorías de estas gentes, sobre todo en los días feriados, eran tan escandalosas y las escenas de sangre tan frecuentes que la vida era casi insoportable. Los escándalos citados atrajeron una antipatía o repulsión casi general al nombre de Apía, hasta tal punto que se necesitaba mucho amor a la patria chica para no negarla».


Luego vendría la sangrienta violencia partidista y la de las mafias. Pero a través de la historia, gracias a la labor ingente de las autoridades, de los educadores, de los artistas, de los líderes cívicos y religiosos, de la pujanza de sus gentes, nuestro pueblo va llegando, poco a poco, a esa edad de oro que predijeron algunas culturas indígenas, ese “Punto Omega” ,o etapa cimera del desarrollo histórico, de la que habló el gran filósofo y científico Teilhard de Chardin, en la que instintos, como la agresividad, se han sublimado, se han dulcificado, se han trascendido.
Lo verdaderamente importante es el presente, el aquí y el ahora, que, me parece, sólo se vivencian cuando nuestra conciencia está muy alerta de nuestra propia sique y del entorno, con un corazón rebosante de amor.

 

Hija de los caminos
(“Todos los caminos conducen a Apía”).
 
Oh, Apía, en ti se cruzan los caminos:
el barro humano, el inmortal aliento;
y el indio, el blanco, el negro, que en el viento
y cumbre entrecruzaron sus destinos.
 
Oh, Apía, en ti se cruzan los caminos:
luces con sombras, música y lamento;
pero, eso sí, tu hidalgo sentimiento
invicto vibra en hálitos divinos.
 
Con trémolos de tiples y epopeya
Antioquia Grande y trashumante, un día,
bajó del cielo tu ancestral estrella,
 
por trochas que cruzáronse en la vía.
De Risaralda tu tesón destella,
hija de los caminos. ¡Salve, Apía!

 
Public
 
 
Ico_comentarios Comentar        Ico_enviar-copia Enviar esta nota         Favoritos y compartir Compartir
1 2 3 4 5
  Calif.
5
1 votos
  Prom: 5
 

El Diario del Otún no se hace responsable por comentarios que los lectores publiquen en este espacio, ya que son opiniones personales que nada tienen que ver con el pensamiento editorial de este medio. El Diario del Otún se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, vulgar, que atenten contra la intimidad de las personas o que hagan alusión a publicidades.



 


Public



CLASIFICADOS / PUBLISERVICIOS

Adb33c1896515d64e0e5038c31b65978
6aeb9a4032e3eb0fefa027e73bf0ce7d
4682cf392b8a92732d139104ca19a714
Ac0ce5d5b3acb3e6ea2dafaf05c34255
1767ca6715697db9b526da623d139a88
E8d86bc1a9aaca37d0453f0afa290fe7
9bfa6c3a2098b543f49f9e35b24b79c3
81ba0756f6208b6c69a4d3e76468eef1
Mn_clasi1


Portada en formato PDF
COPYRIGHT © 2013 R.R EDITORES Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
Tratamiento de datos personales

02:04