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Cada 9 de febrero en Colombia se celebra el Día del Periodista; sin duda alguna es una fecha importante para recordar nuestra misión y nuestro compromiso de transmitir los hechos, la realidad, de una manera clara y objetiva.
El periodismo colombiano se ha venido caracterizando por su fortaleza a la hora de enfrentar los hechos que afectan al país, por su profesionalismo y por su alto nivel investigativo, el cual ha llegado a quitarle la vida a mas de un centenar de comunicadores en la última década.
El Día del Periodista recuerda el miércoles 9 de febrero de 1791, cuando circuló el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, primer semanario en la historia de Colombia, fundado y redactado por don Manuel del Socorro Rodríguez.
Antes, en 1785, se publicó un boletín sin nombre y sin fecha que se ganó el título de su destacada noticia: Aviso del terremoto. Informaba con detalles del temblor del 12 de julio (“a las 7 y tres cuartos de la mañana”, “dos minutos”). Se conocen dos números más. Lo sucedió la Gazeta de Santafé de Bogotá del 31 de agosto siguiente que alcanzó otras dos ediciones y constituyen felices preludios de nuestro periodismo.
La Ley 918 de 2004 pretendió trasladar el Día del periodista para el 4 de agosto, en frustrado homenaje al Prócer Antonio Nariño. También la Ley 586 de 2000 instituyó el Día de la Libertad de Expresión el 13 de agosto. Pero con ley o sin ley esa fiesta se celebra en Colombia desde hace más de 100 años el 9 de febrero.
Periodismo moderno
Darle un cambio al periodismo tradicional, no es una tarea fácil, pero lo social, cultural y político, que vivimos cada segundo, nos obligan a pensar y actuar en forma distinta. Por ello, los profesionales del periodismo, tenemos que enfrentar con responsabilidad todas las incertidumbres que nos traen estos cambios, logrando un equilibrio entre el legado del periodismo tradicional y las nuevas formas de información y comunicación.
Para nadie es desconocida la revolución que ha generado el internet a nuestras vidas, debido a sus cualidades eficientes y poderosas para distribuir información. Como usuarios y como creadores pensamos en este recurso por su inmediatez, universalidad y asequibilidad.
Responsabilidad
Más allá de los conocimientos técnicos, que requerimos los periodistas para ejercer nuestra profesión, en estos días vale la pena reflexionar sobre las responsabilidades que tenemos con nuestros lectores, pues la proliferación de medios digitales y la ligereza de la información emitida a través de internet, desaparece de inmediato, el propósito del periodismo de recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información veraz y oportuna para la construcción de sociedades críticas y bien formadas. Si bien es cierto que internet nos brinda nuevas posibilidades de divulgar información en documentos no lineales, no debemos perder la rigurosidad que nos enseñó el periodismo tradicional como el uso de fuentes seguras y verificables.
Es indispensable, ser conscientes de la responsabilidad de nuestro trabajo y presentar una noticia muy bien estructurada que enseñe y comunique algo verídico y novedoso. De lo contrario, seguiremos accediendo, de manera indiscriminada a entradillas aisladas, noticias sin contexto y subutilización de recursos multimedia que no tienen relación con el texto de la noticia.
Así mismo, las personas responsables de la comunicación, deben aprender a trabajar en equipo, pues así se diga que las nuevas tecnologías y las nuevas formas de relacionarnos sean a través de máquinas que remplazan abruptamente las relaciones sociales directas, el trabajo en equipo, a través de la red, es en esencia un arma poderosísima y efectiva, para desarrollar un periodismo serio, que oriente a hombres y mujeres en esta revolución digital, cada vez más poderosa en la era de la información.
Es cierto que el periodismo digital plantea un nuevo enfoque en la labor periodística: el trabajo en equipo. Sin embargo, ningún trabajo puede desarrollarse de manera exclusivamente individual y mucho menos el periodismo. En las redacciones clásicas el trabajo en equipo es más escaso; existe pero no se puede negar que aparte de un fotógrafo y un diseñador que simplemente acomoda en la página lo que escribe el periodista en la mayoría de los casos la responsabilidad sobre las historia es del reportero; él es quien las investiga y quien las construye de manera individual.
La falta de un verdadero trabajo en equipo es la que no ha permitido un mejor desarrollo de la profesión, con el consecuente fortalecimiento de los medios.
Internet obliga al periodista a tener una muy buena preparación; le exige que investigue, que piense más en el público y que se baje de la posición pedante de siempre; que conozca y profundice más en los temas para poder explicarlos y recomendarlos a los lectores, internautas.
Y para ello debe interactuar permanentemente con profesionales de otras áreas o con otros periodistas que poseen conocimientos en campos disímiles. Esa interacción nutre su conocimiento y le permite una mejor visión de los acontecimientos. No sólo le permite saber dónde están los expertos en cualquier tema, sino además manejarlo y dominar un mínimo de habilidades al respecto.
Hay que desechar aquello de que el periodista no está obligado a saberlo todo, sí lo está, por lo menos lo básico, lo que le permita informar acerca de él sin el peligro de salir a decir o escribir barbaridades.
La “ignorancia” con la que se escudan habitualmente los reporteros es la que está permitiendo la llegada constante a los medios de otros profesionales que los suplantan, porque tienen más conocimientos que les aportan mejores elementos de juicio en situaciones específicas. De ahí que, más que preparar “periodistas digitales”, las universidades están obligadas a formar mejores “periodistas integrales”, es decir, que lean todo el tiempo, que aprendan a interactuar en forma permanente con profesionales de otras áreas, que tengan capacidad de análisis, objetividad y juicio crítico para dilucidar los acontecimientos.
Expresaba el destacado intelectual, Orlando Gutiérrez Rojas, que “los periodistas, como norma general defendemos con energía y entereza la libertad de prensa y somos duramente renuentes a aceptar cualquier restricción que quieran imponer los gobiernos, en ejercicio de este derecho.” En un estado democrático social de derecho como el nuestro, la Constitución Nacional ampara la libre expresión y difusión del pensamiento, la opinión y la razón, como uno de los derechos fundamentales del hombre cualquiera que sea su raza, condición, sexo o religión.
La libertad de expresión como derecho de las personas es inalienable y debe ser respetado en toda su dimensión, no amedrentado, no negociable, ni violado. En la práctica, el periodista tiene el derecho de opinar e informar sobre cualquier tema o suceso, constituyéndose de esta forma en un hombre público, por lo cual debe tener siempre presente su responsabilidad social. De por sí que el pueblo tiene derecho a ser informado, pero bien informado, de manera objetiva, veraz y oportuna y los periodistas tienen, igualmente, la obligación moral de ser los veedores y fiscales de las acciones de los hombres públicos y de las actividades del estado o entidades afines que promulguen el desarrollo social, económico, político, cultural y deportivo de la nación.
En desarrollo de sus funciones el periodista emplea su talento para sugerir, coordinar, analizar. La acción de informar constituye un complejo de actividades. La información requiere armonía y síntesis entre el talento, la ciencia, la técnica y la ética profesional. En la época actual saturada de noticias, los comunicadores hacen respecto a la sociedad las veces de programadores y aportan caudal de información para que la opinión pública elija su comportamiento inmediato. Antes el periodista era eco de los acontecimientos, hoy tiene que ir adelante, anticiparse a los hechos, ser proactivo, analizarlos, calificarlos e interpretarlos imparcialmente para luego proyectarlos a las masas. Pero además, debe ser responsable en el manejo de esa información, respetuoso, claro, profesional, ético, libre de intereses creados, pluralista, independiente y objetivo.
La reconocida comunicadora Gloria Giraldo García afirmaba, “El periodista tiene un compromiso con el hombre, con sus luchas y con la historia. Escribe y transparenta la realidad, proporciona a la sociedad una conciencia dinámica y por eso está en constante antagonismo con la pasividad.” Y agrega, “En nosotros, está el porvenir, el impulso hacia ese mundo mejor posible. El futuro es devoción por los seres humanos, más por aquellos que no tienen voz, poder ni éxito. En ese marco de ideas concibo yo un nuevo periodismo, el periodismo para el desarrollo.”
Por eso duele tanto que al periodista se le mire algunas veces como un objeto de uso y no como un verdadero profesional encargado de guiar, orientar e informar a la población. Y duele aún más, que el sentimiento de algunos de nuestros dirigentes políticos y gobernantes, se vuelque sobre el periodista solamente en el momento de buscar de este su apoyo para el manejo de su imagen personal o proselitista a nivel social. Apena tanto descubrir que por encima de la persona y el profesionalismo es más importante para el funcionario público y el político el aparato grabador, la pluma, la cámara, la libreta del comunicador, el micrófono o la página web, ya que en ellos tienen un espacio para poder descargar su estado de ánimo particular o su egolatría.
De otro lado, es triste reconocerlo pero algunas regiones del país el periodista de hoy ha perdido totalmente su capacidad analítica y su carácter, no tiene criterio definido, le falta sentido de la crítica, constituyéndose en un transmisor, variable, sumiso, complaciente y adulador. Así mismo, el nivel académico de algunos portadores de las grabadoras y cámaras fotográficas no es el más óptimo, al igual que su comportamiento humano y profesional, pues la envidia pasa a ser componente de primer orden en el diario transcurrir, así como la venta de conciencia y entrega total por unos cuantos pesos. Como en el hecho bíblico del antiguo testamento, muchos comunicadores se venden por un plato de lentejas, pues hay quienes pierden su sentido crítico, de cambio, de opinión y se resbalan por una rebanada de cuota burocrática, de un contrato publicitario o de una dádiva satisfactoria a sus ambiciones personalistas, pasando por encima del interés colectivo, porque son carentes del apostolado y la ética, que por fortuna o desgracia, se perdió no solo en el periodismo, sino en otras brillantes y respetables profesiones.
El pasado 9 de febrero se cumplieron 220 años del nacimiento del Periodismo en Colombia, desde cuando el “Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá”, salió a la luz pública por vez primera el miércoles 9 de febrero de 1791, ideado y dirigido por el considerado con justicia padre de los periodistas colombianos, el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, quien con su dedicación y entrega mantuvo vigente su informativo durante seis años a través de 265 ediciones.
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