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Por Rodrigo Tabares Ruiz-Universidad Cooperativa de Colombia, La Julita
La historia de la humanidad tradicionalmente ha sido escrita por los grandes líderes y pueblos vencedores a su imagen y semejanza, relegando al rincón del olvido los aportes de los sometidos o los más débiles. Además, los grandes acontecimientos universales tienen una mirada machista y sus actores fundamentales son representantes del género masculino, las mujeres figuran sólo en casos excepcionales, generalmente están condenadas al anonimato o aparecen a la sombra de un hombre a pesar de haber hecho aportes iguales o superiores a ellos en diferentes campos, como en el de las matemáticas, terreno que ha sido considerado de dominio casi exclusivo del llamado sexo fuerte.
Cuando revisamos el proceso de desarrollo de las matemáticas aparecen los aportes básicamente de los hombres desde Tales de Mileto hasta nuestros días, en la memoria de la mayoría de la gente, y aún de muchos estudiosos, no existe registro sobre el aporte de las mujeres a esta ciencia. En no pocas ocasiones las mujeres tuvieron que asumir la apariencia masculina e incluso adoptar nombres masculinos, como el caso de la brillante matemática francesa Sophie Germain, quien realizó sus estudios con el nombre de Monsieur Antoine August Leblanc, a causa de los prejuicios contra las mujeres matemáticas. Sophie consiguió el primer progreso importante en el siglo XIX, demostrando un teorema que recorría buena parte del camino hacia la solución de la ecuación del matemático francés Fermat, para valores de números que sean primos mayores de 2 y para los cuales 2n+1 sea primo también.
Una de las más brillantes matemáticas de la antigüedad es Hipatia (370-415 n.e), de origen griego, hija de un profesor de matemáticas, quien fue nombrada para explicar las doctrinas de Platón y Aristóteles en la Biblioteca de Alejandría. Además de la filosofía y las matemáticas enseñó geometría, astronomía y álgebra.
Hipatia escribió no menos de 44 libros e invento aparatos como el planisferio, pero su vida se truncó a los 45 años, cuando fue asesinada por oponerse a la adopción del cristianismo.
Una de las mujeres más representativa de la Escuela Matemática Rusa por sus logros es la moscovita Sofía Vasilievna Kovalevskaya(1850-1891). Como el ingreso a la universidad en la Rusia zarista estaba prohibido para las mujeres, luchando contra la opinión incluso de sus parientes estudió en Alemania, donde se manifestó rápidamente su talento para las matemáticas. En 1874 su maestro envió a la universidad en Gotinga tres trabajos de Sofía, el primero titulado “Sobre la teoría de ecuaciones en derivadas parciales”, el segundo “Sobre la forma de un anillo de Saturno” y el último “Sobre la reducción de una clase de integrales abelianas de 3er rango a integrales elípticas”. Estos trabajos fueron más que suficientes para otorgarle el grado de doctor en Filosofía sin la defensa de la tesis.
En su segundo trabajo, Kovalevskaya encontró un grado mayor de aproximación en comparación con la solución de La place, lo que le permitió afirmar que los anillos de Saturno tienen en la sección forma no elíptica, sino oval. Más tarde fue establecida la discontinuidad de estos anillos.
Ante la prohibición para ejercer como matemática en Rusia, Sofía se vinculó en 1883 como docente a la recién abierta universidad de Estocolmo en Suecia, donde se destacó por su trabajo científico, lo que se vio recompensado en 1888, cuando recibió el premio de la Academia de Ciencias de París por la mejor solución del problema de la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo. Por otro trabajo en esta rama le fue entregado el premio de la Academia de Ciencias Sueca. Murió en la plenitud de su capacidad creadora en 1891 sin que el gobierno zarista le permitiera trabajar en las universidades o academias de Rusia.
Otro caso importante es el de la yugoslava Mileva Maric, primera esposa del científico Albert Einstein, matemática que descolló por sus conocimientos y genialidad. Quienes la conocieron saben que podía resolver los problemas más complejos, inclusive aquellos concernientes a la teoría de la relatividad que hicieron famoso a Einstein, y que en buena medida le corresponden a ella, pero finalmente Mileva quedó a la sombra del gran físico; sin embargo, mediante estas líneas quiero hacer un homenaje a su memoria y a la de sus congéneres que se destacan en otras campos de la ciencia, la educación y la política, y que no han recibido el reconocimiento que merecen.