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EDITORIAL

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¿Quién explica?
Publicado 14/01/2018

La semana pasada un pequeño de tan solo cuatro años murió en el sitio durante un incendio que se presentó en una vivienda del barrio “La Capilla” en el vecino municipio de Dosquebradas, debido a las quemaduras que sufrió y ante la falta de atención médica oportuna.


Según las informaciones de prensa, el menor murió en el sitio esperando que alguna ambulancia, de las muchas que hay en la ciudad, lo recogiera y lo llevara a uno de los tantos centros médicos que hay cercanos al lugar para ser atendido y le pudieran salvar la vida.


De acuerdo al testimonio de varias personas, los vecinos llamaron en varias oportunidades a las empresas que prestan el servicio de ambulancia para que recogieran el niño y ninguna atendió el insistente llamado que se les hizo.


No sabemos si hubo alguna razón para que estas empresas no hayan atendido un caso tan dramático y de tanta urgencia como el del niño quemado, pero lo que sí tenemos claro es que alguna autoridad debe explicar hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas que prestan servicios de salud como este y que en muchos casos está de por medio la vida de una persona.


Igual que las IPS están obligadas legalmente a atender a cualquier persona que llegue en estado grave así no tenga ningún tipo de cobertura médica, creemos que esta clase de empresas, que igual trabajan en el campo de la salud, deben tener la obligación de atender, en la vía o donde sea y cuando hay una vida de por medio, el llamado que les haga cualquier persona.


Aquí si cabe el cuestionamiento que hacía un dirigente comunitario la noche del incendio, en el sentido de que otra cosa hubiera pasado si en vez de un quemado el necesitado hubiera sido un accidentado en una moto. Con seguridad la ambulancia no hubiera sido una la que llegara, sino tres o cuatro y no en minutos, sino en instantes.


Claro, decía el líder comunal, como en este caso sí había a quien cobrarle y duro, la guerra de las ambulancias hubiera sido horrible; pero como se trataba de una víctima de un incendio y miembro de  una familia humilde que seguramente no tenía cobertura de salud, nadie atendió la llamada y, por supuesto, los vehículos de emergencia tampoco aparecieron.


Fuera de doloroso, pues, lo que acaba de suceder en Dosquebradas es una demostración más de la indolencia de las empresas que trabajan en el área de la salud, de la falta de normas claras y de control de las autoridades a estas compañías y de que la salud en Colombia no es un servicio, sino el negocio de unos pocos, sin importar lo que suceda con los que lo requieran.

 
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