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EDICION DOMINICAL

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Sitios prohibidos
Publicado 04/09/2011

Angel Gómez Giraldo
 
“El hombre de hoy es más expresivo”, me dijo el colega que hace estriptís con la noticia a sabiendas de que el sensacionalismo hace parte del desayuno trancado de aquellas personas quienes se preocupan por estar bien informadas.


Este amigo del que les hablo y que puede estar al servicio de cualquier medio, no tiene pelos en la lengua y con la misma habilidad con que acciona el teclado de su computador nos mete el dedo en la boca para que se le dé credibilidad a todos sus infundios.


Sobre la frase de este amigo, que además le gusta pasar por esnobista, he venido rumiando mente hasta dar con otra, creada por el sociólogo y la que da cuenta que “las personas siempre se han interesado por la vida de los demás”. A esta yo le agregaría que también por lo prohibido.
¿Se acuerdan del cuento del Paraíso Terrenal que tuvo un final tan trágico para nuestros primeros padres? Es que si a Eva le pasó fácilmente por la garganta la fruta prohibida ,a Adán se le atragantó de tal manera que los demás varones hemos heredado ese pequeño tumor en forma de nuez que nos diferencia físicamente de las hembras, ya que en ellas es menos sobresaliente por no decir nulo, debido a que la grasa les redondea esta región.


Quizás por este gusto que tenemos por lo prohibido es por lo que saltan más rápido a la fama los cantantes cuyos temas musicales son vetados por las autoridades civiles y eclesiásticas.
Algo parecido pasa cuando el padre de familia prohibe al niño que no le levante la falda a las chicas: éste termina viviendo debajo de la misma prenda de vestir para ver qué tiene la curiosidad que le impiden que la conozca.


Cuando apareció alguien que se atrevió a decirle al niño que la curiosidad es una cosa muy peluda, perdió todo el interés. Y así es todo porque el placer no está tanto en mantener el objeto descubierto sino en la novedad y en la variedad.

En lo urbano

De otra parte es bueno decirles que por estos tiempos de aniversario de fundación de la ciudad su pasado histórico me viene con el olor de tiempo chamuscado para producirme también nostalgia y morriña.


Eran tantas las cosas y los sitios prohibidos que los tenía de pies a cabeza, esto es de arriba a abajo, y permanecieron hasta que la inocencia revoloteó y manoteó hasta encontrar la dicha y entender que es tan buena para el cerebro como la Kola Granulada.


A comienzos del siglo XIX, quién lo creyera, el cementerio San Camilo era terreno prohibido para la persona que "haciendo uso del libre desarrollo de la personalidad”, (para que vean que la nefasta constitución del 91 no es tan nueva como parece), se quitaba la vida.


Se decía que los suicidas no iban al cielo ni al infierno; iban al muladar, un sitio asqueroso como  “asquerosa” era el alma de éstos.


Quitarse la vida, por desgraciada que fuese la persona era la peor de las decisiones.
Por esto mismo cuando la población de la recién fundada Pereira supo que uno de los suyos, Manuel José Castillo se había matado, para ser el primer acto suicida, entró en pánico y rezó por más de 48 horas seguidas pidiendo perdón por un pecado ajeno.


Trascendió asimismo que el cadáver del primer hombre suicida de Pereira fue sepultado en un cafetal que durante la noche ardió en llamas de tal manera que el lugar quedó devastado para pasar a ser con el tiempo, una amplia explanada donde jugaban fútbol los escolares.


Pero los temerosos habitantes esperaban con bastante convicción algo más: un castigo para todos, el que llegó décadas después con la guerra de los dos partidos tradicionales que convirtió a la ciudad en refugio y acogida de liberales perseguidos y amenazados por los conservadores de los pueblos más “godos” del occidente. Ellos llegaron aquí como los primeros desplazados.


Los que no cupieron en los albergues temporales, porque venían familias enteras, encontraron posada en la casa del dirigente Camilo Mejía Duque.

Con los varones

Aunque los hombres tenían ventaja con respecto a las mujeres porque parecía que para ellos no había nada vedado, la verdad es que se encontraban con sitios donde su ingreso no era bien visto por la sociedad.


Se les tenía prohibido entrar al Arlequín, una taberna semiprivada, estrecha y a media luz a la que se llegaba furtivamente.


Ubicada en la cra 7a. después de atravesar el parque El Lago Uribe Uribe, su nombre era tan discreto que no se veía escrito por ninguna parte de la edificación. Sin embargo estaba en la mente de muchos hombres jóvenes y adultos: “Arlequín”.


El nombre fue bastante acertado puesto que no sólo se refiere al personaje que se disfraza con traje a rombos o cuadros sino también a aquella persona que no sabe comportarse.
Efectivamente, el comportamiento de quienes penetraban al interior del mencionado establecimiento no era nada normal, por el contrario iba “contra natura”, una señora a la que no le cabía nada que fuera distinto a lo establecido.


En el mismo camino se encontraba el "Estradivarios” que aunque de puertas abiertas a la calle era sitio similar al anterior y donde los hombres fingiendo buen comportamiento bebían cerveza en un mismo vaso.


Temerosos de ser señalados e inhibidos por los prejuicios sociales no iban más allá de los flirteos en susurro, frases de halago que saltaban por encima de las baladas para rebosar el ego.

A lo mexicano

Pasando el puente Mosquera había otro sitio prohibido con nombre mexicano: Chapultepec, y al cual llegaban más mujeres liberadas que hombres. Aún subsiste, y en el mismo sitio, pues se comenta que fue abierto por la mismas Afrodita.


El que algunas mujeres frecuentaran este lugar hasta firmada la nueva Carta Magna, era una falta a la moral cristiana y a las buenas costumbres, pues las damas de verdad no entraban sino a las llamadas fuentes de soda, sitios que en realidad eran una “soda” porque para ellas no se podía ordenar sino cocacola.


Todo esto ocurría sin saber que muchos años atrás, precisamente durante la primavera de 1968, los estudiantes que dieron vida en París al llamado Movimiento 22 de Mayo dirigido por el estudiante Cohn-Bendit -que sería el principal instrumento de la agitación posterior conocido como la crisis francesa de mayo de este mismo año- habían exigido a sus autoridades: “Prohibido prohibir”.


Eran igualmente los tiempos en que todo nos llegó tarde, hasta la tolerancia.


Eran los tiempos en que las tendencias traseras del hombre permanecían en el “closet” pero a pesar de ello había uno que otro funcionario público que no guardaba las apariencias.
Se llegó a afirmar que hasta dirigentes políticos, de esos que les importa un pito tener rabo de paja, celebraban con sus amigos y simpatizantes en estos sitios prohibidos, tantos con los que iba creciendo la alegría la ciudad.


Obtenían fama de desviados y de dislocados mentales a pesar de que la Sociedad Americana de Siquiatría de los Estados Unidos, país donde son unos locos para tumbar gobiernos extranjeros y apoderarse de sus riquezas , había lanzado voces a los cuatro vientos para que el mundo entero escuchara, que ni lo uno ni lo otro.


Que el gay no es el bobo que se pierde solo en el bosque ni el loco que no sabe lo que hace.
Se tuvo que esperar hasta finales del siglo XX para que nada fuera prohibido en la ciudad y entonces aquí también es "prohibido prohibir”, regalo de la nueva Constitución.


Consecuencia de todo esto es que hombres y mujeres de actualidad sin tener en cuenta la orientación sexual celebran juntos la libertad que tienen en sitios que en otras épocas fueron prohibidos para gente “normal”.


 El Lago Uribe Uribe y sus alrededores dio diversión con música y licor por cuenta de una variedad de establecimientos públicos, algunos con trastienda para cultivar romances. Eran querencias clandestinas donde proliferaban amores igualmente prohibidos.


 En la actualidad podemos ver que en la esquina de la cra 7a. con vista al Lago, permanece un bar, el “Tranvía” con una clientela fiel de varones legítimos y movido por atractivas mujeres jóvenes a quienes las tiene sin cuidado las miradas de la gente de a pie o de la que va rumbo a casa con el afán de fabricar fantasías, en esa máquina verde limón llamada Megabús. Esto para que vean que los tiempos que nos han tocado corren bastante rápido.

 
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