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Ángel Gómez Giraldo
“El hombre tiene 3 pieles: nace dentro de la primera. La segunda es su vestido y la tercera es la fachada de la casa”. Antes de conocer esta frase que seguramente fue creada por un arquitecto, ya tenía yo la costumbre de relacionar la presentación del frontispicio de la vivienda con la personalidad de quien la habita. Como consecuencia cuando voy por primera vez en busca de la casa de un amigo en un centro urbano, desconociendo la dirección, toco a la puerta de la edificación que creo va de acuerdo con sus gustos y modo de vivir. Confieso que casi nunca me equivoco.
¿La razón?, esta: Si uno conoce bien a su gente le es fácil adivinar sus exigencias y quien es de buen gusto lo es hasta para escoger residencia.
Otra cosa es que todo indica que el ser humano crece en estatura y en sabiduría gracias a las frases que escucha desde la más temprana edad.
Mejor dicho, el teterao de frases que nos “embuten” los adultos es superior a la alimentación diaria, y antes de empezar a perder los dientes de leche ya las hemos ganado para el libro de axiomas, proverbios y refranes que más adelante nos darán prestigio de buenos contertulios.
Asimismo nos proporcionan enseñanzas y nos obligan a reflexionar, indicando genialidad y talento.
De tripas corazón
Una de las frases que encontré colgada en mi casa como el sobretodo del inspector de película de suspenso y que parece sacada del vocabulario de un descuartizador de reses, me enseñó a “hacer de tripas corazón”.
Esta frase, al parecer, tuvo que atravesar el océano puesto que vino con los españoles que cuando sienten retortijones en el estómago suelen decir que les está doliendo la tripa.
Se nos grabó tan fácilmente y adivinamos tan rápidamente su significado que nos volvimos fanfarrones en el comedor de la casa del que nos retirábamos eructando pollo en los días de ayuno al que obligaba la cuaresma.
Hacer de tripas corazón puede ser tan ordinario como una cirugía en clínica de garaje, mas equivale a enfrentar la realidad que nos es adversa y al enemigo a sabiendas de que es superior a nosotros.
Haciendo de tripas corazón ingerimos, reprimiéndonos de hacer gestos de repugnancia, las bebidas amargas que nos curaban de los dolores abdominales producidos por exceso de lombrices.
Consecuencias
Un amigo mío cuenta que hacía tan constantemente de tripas corazón que un día llegó a tener la sensación de que había perdido los intestinos y que no podría volver a dar del cuerpo.
Aparentar lo que no se es ha sido como una constante en la cultura de esta región del país, y por esto podemos ver que muchos pobres viven como si fuesen ricos.
Esto resultó fácil gracias a que la moda del bluyín roto y de la camiseta desteñida dejó a toda la población uniformada y a un mismo nivel social.
Una persona le preguntó a otra en la calle, mientras observaban a un joven que por sus pantalones envejecidos a la fuerza parecía carne desmechada, en qué se diferencian los rotos de una persona rica de los de una persona pobre y la respuesta que obtuvo fue la siguiente: “En que los rotos de la rica son hechos en la fábrica de confecciones y los de la pobre son hechos a los usados en la casa.
Otros se empeñan en sostener que si hoy en día existen muchas personas que hacen de tripas corazón o aparentando una posición social que no tienen, se debe a la crisis económica y a lo reducido de las exportaciones colombianas a los países vecinos de Venezuela y Ecuador.
Flaqueza
Es necesario agregar que a la descastada y ordinaria frase de la que nos hemos venido ocupando se le ha atravesado otra construida y presentada con más elegancia gramatical, de bastante uso en la región de la Costa Atlántica, pues se le escuchaba con cierta frecuencia a Juan Gossaín mientras fue director del Noticiero Radio Sucesos de RCN. La misma alude a “sacar fuerzas de flaqueza”, lo que equivale a sacar valor de donde no lo hay.
Muchas personas han superado momentos muy difíciles y han derrotado al enemigo sacando fuerzas de flaqueza y así no hay enemigo pequeño.
Hay quienes ante el infortunio y el peligro se fortalecen y salen adelante.
Sacar de adentro
Lo contrario le sucede al hombre fanfarrón, aquel que se jacta de ser lo que no es especialmente de valiente y que a la hora de ser retado por otro no responde y sale humillado.
Sacar fuerzas de donde no se tiene ha dado excelentes resultados a aquellas personas que por una u otra circunstancia se sienten desarmadas a la hora de enfrentarse a las situaciones más difíciles y a los adversarios.
Yo mismo lo confirmé viajando en buseta: uno de los pasajeros con trastornos mentales “cogió” al ayudante del conductor como si fuera el timón del vehículo y se lo iba gozando y a la vez poniéndolo en ridículo delante de los demás pasajeros, además con un vozarrón que ahogaba cualquier réplica del hombre abochornado.
Transcurridos unos diez minutos, la buseta hizo un pare obligatorio y lo abordó un borracho que se hizo a un lado del desquiciado emprendiéndola contra este.
El demente en vez de responderle y enfrentársele como todos los que íbamos allí lo presumimos, enmudeció y a la menor oportunidad abandonó el autobús. Casi siempre el fanfarrón es derrotado por el que decide enfrentarlo sin temor.
Otras veces una actitud serena y una frase culta son suficientes para desarmar y someter al agresor. Una respuesta considerada para todo aquel que se atreve a desafiarnos ha sido más efectiva para evitar la violencia y los homicidios en las calles de las ciudades colombianas que el desarme.
En el amor
Resulta ser que el amor también tiene de donde sacar fuerzas de flaqueza. Esto equivale a sacar amor de donde no existe sino pasión y deseo erótico. Esto puede ser bueno para conquistar pero no para tener un amor verdadero.
Está por lo regular en el donjuán que con el fin de tener entre sus brazos momentáneamente a una mujer le jura amor eterno.
La indiferencia es otra estrategia del hombre que aunque insistente no consigue el amor de una mujer. Es otra fuerza de flaqueza del amor. La abuela aconsejaba al nieto adolescente que sufría porque la joven en la cual se había fijado no le entregaba el corazón: “Muéstrate desdeñoso y serás querido. Insista, insista mijo, que la constancia vence lo que la dicha no alcanza”.
Viudas alegres y divorciadas celebrando la separación son las mujeres que más fuerzas de flaqueza suelen sacar, en este caso, amor de donde no lo hay.
Una vez se les muere el esposo o logran la separación salen a la calle presumiendo de ser jóvenes y señoritas.
Finalmente, es bueno saber que el colmo de sacar fuerzas de flaqueza es terminar sufriendo de hernia abdominal.
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