ArtÃculo leido 682 veces.
Como Job contemplamos cómo muchos hermanos nuestros, sienten su vida como una interminable noche, sus días como experiencia amarga.
¿Qué respuesta ofrecerles? ¿Qué podemos hacer ante un mundo que parece, por momentos, romperse a pedazos? Ni más, ni menos, que volver a la humanidad que Jesús nos ofrece. Dejarnos atraer por El. Llamarle para que venga a nuestro lado (a la vida matrimonial, política, sacerdotal, eclesial, económica, social, etc.,) y dejar que nos levante, una y otra vez, y volver a vivir dignamente.
¿Fiebre nosotros? Y mucha. Hace tiempo que al hombre, frío para las cosas de Dios y excesivamente caliente para las cosas del mundo, se le han subido los humos demasiado. Piensa que sin Dios se puede vivir mejor. Que se puede ser más feliz sin tener en cuenta unos preceptos, que por otro lado si se cumplen, otorgan felicidad al cien por ciento.
Cuando venimos a la Eucaristía sentimos que se supera la fiebre de muchas cosas y en muchos sentidos: * Recuperamos la esperanza frente al pesimismo. * La alegría frente a la tristeza. * La comunión frente al distanciamiento. * La fraternidad frente al individualismo. * La fe frente a la incredulidad. Al igual que la suegra de Pedro, sentimos que nuestros males desaparecen cuando nos acercamos a Jesús.
El poder curativo de Jesús no es otro que el amor. El amor lo puede todo y lo invade todo. ¡Ojala los agentes de pastoral tuviésemos ese golpe certero para levantar personas! ¡Para iluminar conciencias! ¡Para disipar miedos! ¡Para sanar espíritus que en otro tiempo estuvieron totalmente orientados hacia Dios!
Oremos con la Palabra: ¡BAJA MI FIEBRE, SEÑOR! En la congoja, hazme descubrir tu rostro. Cuando me rebelo ante Ti, condúceme de nuevo al camino correcto. Si no encuentro explicaciones a mis días, ilumíname con tu Espíritu. Si la suerte no me sonríe, infúndeme la virtud de la paciencia. Si la oscuridad me acompaña, coloca al fondo de mi jornada, una luz. Si el dolor aprieta, que tu cruz me haga relativizarlo. Si me encuentro enfermo, que recurra a Ti como al excelente médico. Si estoy sano, que no me crea dueño del mundo. Si tengo éxito, que sea prudente. Si poseo talento, que lo aproveche al servicio de los demás. Si asoma la angustia, que recuerde que nunca Tú me fallas. Si las fuerzas desertan, que seas Tú mi fortaleza. Baja, Señor, la fiebre que me impide ver el fondo de las cosas: La fiebre de mi egoísmo. La fiebre de mi altanería. La fiebre de mis falsas seguridades. La fiebre de mi autosuficiencia. Y, si ves que tardo, Señor, en levantarme del lecho siéntate junto a mí para que, cuando vuelva en sí, compruebe, una vez más, que tu Palabra es eterna y fuente de verdad y compañía. Amén.
El Diario del Otún se complace en ofrecerles a sus lectores la oportunidad de compartir experiencias e intercambiar observaciones sobre lo que publicamos diariamente en nuestra edición digital.
Los invitamos a participar en nuestros debates de manera abierta y franca, pero sin hacer juicios hirientes o fuera de orden. Nos reservamos el derecho a eliminar las opiniones que no cumplan estas normas. Algunos de las comentarios que usted hace pueden ser reproducidos en el diario impreso o en otras páginas de nuestro sitio.
Muchas gracias por compartir sus puntos de vista.
Para hacer comentarios debe registrarse en eldiario.com.co la primera vez. Lo que escriba estará debidamente identificado con su nombre de usuario.
|
UVR:
$202,3569
Dolar (C):
$1.793,26
Dolar (V):
$1.793,96
Café
US$1,7740
DTF
5,43%
TCC
6,08%
DOLAR CANADA
$1.777,57
EURO
$2.284,87
|

02:15