Date
Sábado, Junio 24 - 2017 Pereira - Colombia

Facebook Twitter Google Plus One
 
Style1
Testeo de la Modal Window |
CULTURA

Artículo leido 5806 veces.

Santiago Londoño, el hombre y la leyenda
Publicado 12/10/2014

Javier Amaya

El pereirano ilustre más importante y polifacético de la segunda mitad del siglo XX, fue sin duda el médico Santiago Londoño Londoño, hijo de otro médico del mismo nombre y que juntos hicieron lo que pocos, por el mejoramiento de la salud de tantas personas necesitadas en la urbe de Cañarte. Londoño (hijo) es al mismo tiempo uno de los más desconocidos y su nombre aparece con frecuencia en los medios, gracias a la existencia del teatro municipal, donde se dan cita importantes eventos ciudadanos y culturales mes tras mes. Como persona, sigue siendo un misterio sin develar.
 
Yo conocí a Santiago Londoño alrededor de 1974, cuando con un grupo de jóvenes cristianos del colegio Deogracias Cardona, comenzamos de manera sistemática a leer y discutir la literatura marxista que nos permitiera explicar las desigualdades de nuestro país, el destino de millones de pobres y la soberbia histórica de nuestras élites manejando a Colombia. Santiago estaba suscrito a casi todo lo que queríamos leer y cedía sin problema todo lo que él ya había devorado, sin esperar su retorno.
 
Fui un interlocutor frecuente de Santiago entre los años 1974 hasta 1981 cuando salí del país. En 1982 me entero de su muerte, semanas luego de ocurrida. Mi conocimiento de Santiago es parcial e incompleto, pero las facetas que conocí, son tan válidas como las vividas por todos los demás. Médico, cultivador de café, mecenas de las artes y la cultura, voluntario en Cuba, político marxista, hijo de otra figura local con su mismo nombre, de quien se dice fue médico personal del general liberal Rafael Uribe Uribe. 
 
Leyenda
En el campo de la leyenda en unos casos y en otros en la especulación, se dice que fue miembro de la Logia Masónica como el padre, que probablemente era millonario, sin especificar la cuantía de su fortuna, o que tuvo trato con jefes de la insurgencia colombiana, sin que nadie haya visto evidencias documentales. Su homosexualidad la asumió sin ocultarse, ni tampoco promoverse, simplemente ejerció el derecho a la privacidad que deberíamos tener todos. Nunca se casó, ni tuvo descendencia reconocida.
 
Desde su muerte, he sabido de un par de esfuerzos para aproximarnos a la biografía de este pereirano sin par. Uno, de parte de una academia de historia de Risaralda que todavía no conozco y el segundo, un bosquejo bajo el título de “Intelectualidad cosmopolita en provincia” de Martínez, Serna y Correa, que más que investigación, es un recuento bibliográfico. Está lleno de imprecisiones, tiene análisis inexactos y acota muy poco material nuevo que no haya sido publicado antes. Muchos de los datos, nunca fueron verificados y apenas consulta tres entrevistas, dos de ellas con personas de Bogotá que nunca vivieron en Pereira.
 
La fecha
Este ensayo discrepa en la fecha de nacimiento de Santiago, porque dice 1920 y en cambio el Instituto de Cultura Popular dice que nació en 1927. Los autores del reporte, no parece que hayan consultado documentos de nacimiento originales que nos aclaren la fecha exacta.
Yo visité el cómodo apartamento que miraba a la plaza de Bolívar, donde vivía Santiago Londoño en Pereira en muchas ocasiones. Conocí la mamá que a la fecha salía muy poco de su casa. La señora saludaba con apenas las palabras precisas y luego se retiraba en silencio a su alcoba. Al Hospital San Jorge, también fui a encontrarme con Santiago, donde hacía consultas con pacientes y que estoy seguro no cobraba. 
 
Santiago casi nunca hablaba de su propia familia y menos de él. Alguna vez para satisfacer nuestra curiosidad del apellido repetido, dijo “los Londoño se casan entre ellos para conservar mejor sus fortunas”, sin abundar en detalles.
 
Santiago entablaba conversación con cualquiera. No hacía distinciones en la apariencia o la condición social. Mi memoria más frecuente de él, es verlo conduciendo su carro azul alemán vistiendo una guayabera blanca como se hacía en la costa. En eventos públicos, no era ningún tribuno de plaza, pero escribía sus discursos con esmero y no tenía reparo en que le hicieran enmiendas o correcciones. A Santiago le importaba un bledo el reconocimiento público o la figuración. Es difícil identificar un libro marxista importante que él no hubiese leído, pero en su trato público y privado jamás usaba citas textuales, ni se daba ínfulas de saber nada. Nunca fue un dogmático.
 
Sentido del humor
Tenía un buen sentido del humor, practicaba el tenis, podía degustar por igual un aguardiente o algún licor importado y en algún evento de recaudación de fondos, lo vi bailando animadamente con una amiga. Lo único que parecía mortificarlo, era el manejo del tiempo para cumplir sus citas múltiples, entre la profesión, su negocio cafetero, la salud de la madre, las reuniones políticas y sus compromisos sociales y personales. 
 
En abril de 1977, andaba yo un poco angustiado por los rumbos de la Plaza de Bolívar con un recibo de pago pendiente de la Universidad Tecnológica de Pereira por valor de $207 pesos para cursar mi semestre y no reunía tal suma. Me encontré a Santiago y tal vez adivinando mi dilema, me preguntó qué me pasaba y contándole me dijo: “aquí tiene, vaya pague antes que cierren el banco.” Jamás volvió a mencionar el episodio. 
 
Alguna vez leí en el suplemento literario del diario “El Espectador” la historia de cómo llega el Bolívar desnudo de Arenas Betancourt a Pereira y aunque no conservo el texto, recuerdo que Santiago Londoño ante un percance financiero de la operación, sirvió de garante para que la escultura, que hoy es símbolo emblemático de toda una ciudad, llegara como estaba previsto. Santiago puso siempre sus recursos en las causas o cosas en las que creyó. 
 
Desagravio
Cuando la tenebrosa Brigada de Institutos Militares BIM bajo Turbay Ayala, asalta la casa del poeta Luis Vidales en Bogotá, lo registra sin causa probable, busca armas que el vate nunca tuvo y finalmente lo detiene ilegalmente a la madrugada junto a su esposa; Londoño indignado muchos meses después, organiza un evento de desagravio al poeta en Pereira. Invita al excanciller conservador Vásquez Carrisoza y al entonces Obispo Darío Castrillón Hoyos. Santiago corrió con todos los gastos.
 
La cena en el Gran Hotel de Pereira, sirvió de gesto de reconciliación entre dos vecinos de la Plaza de Bolívar: Santiago Londoño de un lado y el residente de la catedral del frente Castrillón Hoyos. En la campaña electoral anterior por falta de tacto y también por el anticlericalismo de algunos seguidores de Santiago, habían pegado unos carteles con su foto en las paredes de la catedral. En el cartel, aparecía Santiago con sus camisa blanca favorita, la guayabera y monseñor en una homilía, había sugerido no votar por él. Luego del homenaje a Vidales, hubo un pacto tácito de no-agresión.

Nueva Delhi
Años después, Santiago Londoño fue a Nueva Delhi como miembro del Consejo Mundial de la Paz para varios actos protocolarios y una cena de delegados con la primera ministro Indira Gandhi. Cumplió con otras invitaciones y reuniones y a su regreso a Pereira, me contó muy lastimado que al cruzarse en la calle con un indigente que extendía su mano, le preguntó a su guía indio por qué no levantaba la mirada; a lo que el guía le contestó: “no le está permitido atreverse a mirar a su posible benefactor. Pertenece a la casta de los intocables.”
 
Estoy seguro que Santiago repitió compungido la anécdota a todo el que le preguntó de su viaje. Todavía sin reponerse de la impresión, sacó de su maletín un llavero de la India que guardo hasta la fecha.
Su pasión por las expresiones artísticas y culturales tampoco parecía tener límite, al punto de convertirse en mecenas público y la mayoría de las veces anónimo, de muchos artistas. Recuerdo que junto a sus amigos del arte, llevó una imponente muestra del artista valluno Pedro Alcántara a Pereira y lo difundió a una gran audiencia.
 
Disfrutaba también la música en muchas formas. Una vez fui a su apartamento y de inmediato encendió su equipo de sonido para escuchar el canto de unas ballenas en alta mar. Minutos más tarde, cuando se nos unen otros contertulios, volvió a repetir la grabación fascinado con su descubrimiento.

Su muerte
Su muerte temprana en 1982, cuando al parecer los frenos de su motocicleta no le funcionan, siempre me pareció sospechosa. Quien conociera a Santiago Londoño apenas un poco, sabe perfectamente que él era alguien meticuloso, ordenado, siempre atento al mantenimiento de sus equipos y que nunca dejaría de gastar lo necesario por su propia seguridad. Un piloto con licencia de aviación como él, no improvisaba en esos temas. Yo creo que su muerte fue intencional. La grandeza de Santiago pudo haber sido su mayor debilidad. La de creer en el ser humano, la de no desconfiar a priori, la de abrir las puertas de su casa a muchos y tal vez a su propio verdugo.
 
Ojalá sus hermanos de la logia, los correligionarios políticos que lo conocieron mejor, sus sobrinos, sus socios en las aventuras del arte, las personas con quienes hizo negocios, la líder política María Isabel Mejía con quien coincidió en apoyar el Museo de Arte y otras gentes cercanas que todavía viven, contaran lo que recuerdan, para armar una biografía completa. Un ejercicio de tal naturaleza, aportaría material original para los investigadores y permitiría acercarnos a la persona integral. Tampoco se trata de armar al superhombre. Los llamados superhombres, no son otra cosa que monigotes que se desmoronan con el primer debate.
 
Reconocimiento
La estatura humana, artística, cultural y política de Santiago Londoño sigue todavía en la sombra. Ni siquiera nuestro reconocido expresidente pereirano, que se encontró por accidente una candidatura, se le acerca en generosidad y humanismo a Santiago Londoño. El expresidente ha luchado con tesón como ninguno, en favor de los privilegiados de la élite a la que pertenece. Santiago Londoño Londoño en cambio, pensó en la gente humilde, aportó su conocimiento y donó los primeros equipos modernos a la lucha contra el cáncer en Pereira, no se aferró al dinero sabedor de la temporalidad humana sobre la tierra, rechazó las castas de Colombia y del mundo entero con la ilusión de llegar a ver sociedades más justas y equitativas, soñó con una ciudad engalanada por el arte y la cultura, ofreció trabajo a todo el que pudo y nos trató a todos como a su igual. Es tal vez, el pereirano más grande que hayamos tenido en nuestra breve historia.
www.javier-amaya.us
 
Public
 
 
Ico_comentarios Comentar        Ico_enviar-copia Enviar esta nota         Favoritos y compartir Compartir
1 2 3 4 5
  Calif.
4.6
10 votos
  Prom: 4.6
 

El Diario del Otún no se hace responsable por comentarios que los lectores publiquen en este espacio, ya que son opiniones personales que nada tienen que ver con el pensamiento editorial de este medio. El Diario del Otún se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, vulgar, que atenten contra la intimidad de las personas o que hagan alusión a publicidades.



 
12
12





CLASIFICADOS / PUBLISERVICIOS

Adb33c1896515d64e0e5038c31b65978
6aeb9a4032e3eb0fefa027e73bf0ce7d
4682cf392b8a92732d139104ca19a714
Ac0ce5d5b3acb3e6ea2dafaf05c34255
1767ca6715697db9b526da623d139a88
E8d86bc1a9aaca37d0453f0afa290fe7
9bfa6c3a2098b543f49f9e35b24b79c3
81ba0756f6208b6c69a4d3e76468eef1
Mn_clasi1


Portada en formato PDF
COPYRIGHT © 2013 R.R EDITORES Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
Tratamiento de datos personales

08:43