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José Ruiz
El Diario del Otún
Los refranes en un tiempo remoto alimentaron la poesía, la ayudaron a enriquecerse con nuevas formas, pero ella siguió transmutándose, mientras que estos permanecieron inertes; la poesía cobró nuevas formas y los refranes continuaron en esa línea predecible y antañosa.
Los refranes son dichos breves, que representan algún aspecto del sentido común o de sabiduría popular.
Los refranes, asimismo, pueden ser entendidos como proverbios. Es así como los refranes o proverbios, expresan verdades básicas de la vida o algún tipo de concepto práctico sobre el quehacer humano.
De igual manera, los refranes o proverbios, pueden hablar sobre conductas humanas, en cuanto a las reglas que las determinan. De aquella manera, los refranes o proverbios son máximas. Como por ejemplo, “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”.
La persona curiosa, tiene un refrán para cada cosa.
Padre diestro, el mejor maestro.
Paga lo que debes y sabrás lo que tienes.
Pagan justos por pecadores.
Palabra al aire fenece; pero escrita prevalece.
Con respecto a la estructura que da forma a los refranes, esta por lo general, es pareada. Asimismo, en los refranes, se acostumbra recurrir a la rima y otras figuras literarias, para que éste, el refrán, tenga una mejor penetración en la memoria colectiva. Ya que de aquella manera, será más fácil, el recordarlo.
Con respecto a los refranes o los proverbios, estos están presenten en casi todas las culturas. Siendo las de habla hispana, quienes poseen una mayor riqueza, en cuanto a su elaboración y cantidad. De igual forma, los refranes o proverbios que son originarios de china, gozan de gran reputación. Son famosos los proverbios chinos, los cuales reflejan fehacientemente, lo que se entiende por proverbios. Como por ejemplo, “Un error momentáneo llega a ser un remordimiento eterno”. O, “A un hombre no se le puede juzgar por las apariencias”.
A tus zapatos
Zozobra la verdad; mas nunca ahogada la verás.
Lo bueno si breve, dos veces bueno.
Lo bueno y lo barato no caben en un zapato.
Lo cortés, no quita lo valiente.
Claro, que los refranes o proverbios, son elaboraciones personales, a las cuales en su mayoría, no se les atribuye un autor. O sea, que la mayoría de los refranes o proverbios, son escritos o dichos anónimos.
Otros tipos de refranes, son los aforismos, las sentencias, los adagios, los dichos populares (los cuales son muy frecuentes en las zonas rurales de los países hispanoamericanos), entre otros.
Muchos de estos refranes, nacen en siglos anteriores. Los cuales han viajado hasta la actualidad, por medio de la tradición oral. Es así, como los refranes, son representantes de antiguas creencias, tradiciones, pensamientos o percepciones, las cuales no han variado mucho en el tiempo. Ya que los refranes de antaño, pueden perfectamente ser aplicados en la actualidad.
Género literario
Los refranes no pueden ubicarse dentro de un género literario pues pertenecen a una forma de expresividad añeja que no ha sabido renombrarse a sí misma con el paso del tiempo.
Por otro lado, poseen características que les separan de la literatura, ubicándolos dentro del Folclore.
Una de las divisiones que debemos analizar para comenzar es la que separa los productos literarios de los folclóricos, los cuales muchas veces se entremezclan y confunden.
Lo imposible, en vano se pide.
Lo inútil siempre es caro, aunque cueste barato.
Lo mal adquirido, se va como ha venido.
Lo más feo, con interés, hermoso es.
Es necesario explicar en primer lugar, que el hecho de que existan refranes dentro de mensajes poéticos no indica que todos los refranes puedan ser considerados poesía, sino y en todo caso, que a veces se utilizan como un recurso que suma expresividad a lo que el autor desea expresar.
Según conocidos teóricos de la lírica, los primeros refranes surgieron en las comunidades primitivas y lo hicieron como un código social; sin embargo, el sentido poético del pueblo los fue enjoyando con cientos de adornos hasta transformarlos al punto de convertirlos en beldades dignas de codearse con los partos de las musas.
Se trató de una mutación progresiva que dio por resultado las siguientes formas de expresividad: el refrán, la copla, el zéjel, el villancico y la seguidilla.
Los refranes son manifestaciones folclóricas del mensaje literal, también llamado discurso repetido, incorporadas a la competencia de los hablantes que forman una misma comunidad idiomática. Su cualidad fundamental es que se transmiten a través de la oralidad.
Es importante aclarar que pese a que el motor para que un refrán exista es artístico, y dentro de un mensaje de este tipo existen cualidades propias de la poética, éste no puede incluirse dentro de la literatura, entre otras cosas porque son un saber popular, sin dueño y sin una razón de ser específica.
Despacio voy, porque de prisa estoy.
Después de la tempestad viene la calma.
Una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando.
Unas son de cal y otras son de arena.
Literaria
Una obra estrictamente literaria exige la presencia de un receptor, un lector capaz de leer y comprender el mensaje que se postula en esas páginas; por su parte, un refrán necesita un posesor, alguien que lo haga suyo y lo transmita, porque pertenece a una tradición oral, si carece de ese posesor, el refrán se desvanece.
Esta diferencia entre ambos tipos de obras las pone muy lejos a la una de la otra y deja ver claramente que una tradición oral no puede ser considerada literaria por el mero hecho de que en el momento en el que deje de contar con un posesor dejará de ser, mientras que una obra literaria será eterna, permanecerá a lo largo del tiempo, trascenderá a su autor y a su tiempo.
De todas formas, esta forma de diferenciar una obra literaria de una folclórica no es del todo correcta, porque existen cientos de refranes, cantares y coplas, que han sido escritos y publicados por lo que puede estimarse que se eternizarán cual una obra literaria.
Según Jakobson, quien estudió a fondo la esencia de los refranes y su presencia en la literatura, una de las características que resalta en ellos es el ser estrictamente mnemotécnicos en el ritmo y poseer una rima paremiológica; sin embargo, estas características que en un mensaje literario lo harían ser denominado como verso, en las acuñaciones populares, debía recibir el denominador de esquema rítmico.
Baila más que un trompo.
Barriga llena, corazón contento.
Bebe más que un macho asoleado.
Bien muere quien bien vive.
Jousse dice que una de las cuestiones que pueden analizarse para establecer diferencias claras es en que el folclore emplea temas y artificios estilísticos convencionales y no hace el menor esfuerzo en disimular su calidad de convencional; mientras que un artista literario evita las convencionalidades y clichés, y si los utiliza lo hace introduciendo una forma nueva al contenido del mismo.
Los refranes en sí mismos no pueden ser considerados un género literario, ni siquiera creer que forman parte de la literatura de hoy en día.
Los refranes en un tiempo remoto alimentaron la poesía, la ayudaron a enriquecerse con nuevas formas, pero ella siguió transmutándose, mientras que estos permanecieron inertes; la poesía cobró nuevas formas y los refranes continuaron en esa línea predecible y antañosa. La literatura se halla en constante crecimiento, tomando lo nuevo que existe en el mundo para dar vida a mensajes auténticos y llenos de variedad; los refranes frenaron su crecimiento y de ellos sólo han quedado esos fantásticos refraneros a los que podemos acudir cuando nos sacude la nostalgia.
Refranes
El buey solo bien se lame.
El diablo sabe más por viejo que por diablo.
El hábito no hace al monje.
El ladrón juzga por su condición.
Una buena acción es la mejor oración.
Caballo grande, ande o no ande.
Cada arepa tiene su tiesto.
Cada día trae su propio afán.
Cada loco con su tema.
Cada oveja con su pareja.
Cada perro con su hueso.
Cada quien es dueño de su miedo.
Cada uno en su casa es rey, pero su mujer hace la ley.
De dinero y bondad, siempre la mitad.
De esperanzas vive el hombre, y muere de desilusiones.
De golosos y tragones están llenos los panteones.
De los arrepentidos se vale dios.
De los parientes y el sol, entre más lejos, mejor.
De noche, todos los gatos son pardos.
De sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
De tal palo ... Tal astilla.
Del afán no queda sino el cansancio.
Del ahogado... El sombrero.
Del amor al odio sólo hay un paso.
Del árbol caído, todos hacen leña.
Del dicho al hecho, hay mucho trecho.
Del plato a la boca se cae la sopa.
Caimán no come babilla.
Después de muerto no hay quien ronque.
El que ronca es el que puede.
El puerco más flaco se come la mejor mazorca.
En casa de jabonero el que no cae resbala.
El frío conoce al en cuero y el sol al sin sombrero.
En esta vida maluca si no hay pan se come yuca.
La cana engaña, el diente miente, pero la arruga no deja duda.
La plata es un aceite que cualquier tornillo afloja.
Primero mis dientes que mis parientes.
A la mujer casada y casta, con el marido le basta.
A lo que se quiere bien, se castiga.
A mucho amor, mucho perdón.
A un gustazo, un trancazo.
Adonde el corazón se inclina, el pie camina.
Al que ha de cargar tarros, al nacer le apuntan.
Ama de buen grado si quieres ser amado.
Amar y saber, todo junto no puede ser.
Amar es nunca tener que pedir perdón.
Amor con amor se paga.
Amor de madre, que todo lo otro es arre.
Amor grande, amor de madre.
Amor loco, yo por vos y vos por otro.
Amores nuevos no olvidan los viejos.
Antes que te cases, mira los que haces.
Favor con favor se paga.
Favor publicado, favor deshonrado.
Fe y verdad, en el cielo se sabra.
Fea con gracia, mejor que necia y guapa.
Genio y figura, hasta la sepultura.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
Gracias que hacen pero no la ven.
Gran poder tiene el amor, pero el dinero mayor.
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