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Juan Fernando Ramírez Arango ganó el concurso de cuento corto de la Universidad Externado de Colombia. Es economista de la Universidad Nacional y estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Antioquia. Según el jurado compuesto por Héctor Abad Faciolince, Mario Jursich y Sergio Ocampo Madrid, "se trata de un relato bien estructurado, ágil, ingenioso y con buen manejo de la tensión narrativa, a pesar de recrear hechos de la cotidianidad más sencilla". Publicamos además otro texto del autor.
LAST.FM
I have a dream, es su frase favorita, o al menos eso dice en su Perfil. Soy, dice, montañero, satanista, filósofo, domador de leones, pornógrafo, ciclista, heroinómano, ajedrecista, espía y ocultista. A lo que debería agregar inmoral, y aunque de ese Ego sum se sobreentiende, debería hacerlo expreso como una medida de sanación para mí.
Él se acostó con mi novia seis veces, quizás más. Se conocieron en Last.fm, el mayor catálogo musical del planeta, una red social que emparenta perfiles según sus gustos musicales. La compatibilidad musical entre él y ella, aparentemente, era alta, el medidor que comparaba sus venas musicales dejaba de fluir en un 93%.
Entre ella y yo el porcentaje llegó a ser más alto, 96%, un tope que se mantuvo constante desde el quinto hasta el noveno mes de nuestro noviazgo, período al que yo llamo la meseta del A, pero a partir de allí comenzó a descender gradualmente. Esos primeros nueve meses fueron una lista de concesiones, ella adoptó mi gusto por el Avant-garde y yo el suyo por el indie pop, aunque siempre hubo discrepancias muy puntuales, ella idolatraba a Fito Páez y yo no me trago ninguna de sus canciones; para mí Neil Young es imprescindible y para ella es aburrido en mayúsculas.
Entre Fito y Neil estaba nuestro 4% de disonancias, si bien, preferíamos pasarlo por alto. Hasta nuestra primera pelea, que vino por cuenta de la Rolling Stone. Allí, Fito declaraba que Neil Young es una de sus mayores influencias musicales, es decir, el segundo era imprescindible para el primero. Su ídolo, pensé, me daba la razón, si ella era sensata, si Neil Young fuera su nuevo gusto adquirido, alcanzaríamos el 98%. Le envié el link de la entrevista a su correo electrónico, y, efectivamente, nuestro porcentaje de compatibilidad subió al 98%. Ese toque de sensatez me conmovió, a tal punto que agregué a Fito Páez a mi lista de favoritos, lo que nos llevaría al 100%, pensé.
Lo hice y, sin embargo, nuestra compatibilidad retornó al 96%. Recargué la página 29 veces, nuestro número primo favorito, y nada, en igual número de ocasiones Last.fm me restregó en la cara ese 96%. ¿Qué pasó? Busqué en su lista de favoritos: Mi sorpresa fue mayor, y mi tristeza fue su mayor influencia. En lugar de agregar a Neil Young, ella había eliminado a Fito Páez de su lista. Había preferido matar a su ídolo antes que darme la razón. Esa fue la primera vez que me engañó en Last.fm.
Vans sk8 hi, AK
No estoy seguro de si ese día era el primer aniversario de su desliz, o si sería el fin de semana siguiente. Ella me había sido infiel con un fotógrafo que trabaja para una ONG. Lo supe porque, poco después de su perfidia, cometió otro desliz, esta vez electrónico, dejó abierto su gmail en mi computador y allí estaba el correo de la cita: veamos Temporada de patos en mi casa.
Ese día desapareció seis horas diciendo que iría con su mamá de compras, a Flamingo y después al Éxito. A las seis horas llamó. Hábilmente convirtió el tema de la llamada en hay un vestido en el Éxito que me gusta mucho, pero yo no se lo podía comprar, una buena forma de trasladarme la culpa. Le pasé el libro que estábamos leyendo, una antología de cuento latinoamericano, B39, así leemos libros de literatura, primero yo y luego ella, yo allano el camino y luego ella pasa. Ella tomó el libro del estante de la biblioteca porque B39, dijo, es un gen que no ha sido aislado. Ella estudia microbiología, yo estudio filología y soy economista pero no quise ejercer. Buen cuento, le dije.
Cuando digo que algo es bueno debo darle una explicación, o al menos agregar algo, así no sea una explicación: habla acerca del porqué amor y tumor son palabras afines. A ella le dio risa, el tipo de risa que celebra mis excentricidades, pero más que excéntrico yo soy bueno haciendo comparaciones, entonces le dije, es cierto, ambas palabras son sustantivos y ambas causan dolor. Ella se dio vuelta hacia el rincón de la cama, mi cama es angosta, giró como gira un cocodrilo para desprender la carne de su presa, y abrió el libro para leer el cuento.
En la otra habitación estaba mi hermano menor, alistándose para salir mientras escuchaba el mismo Playlist de siempre. Él es ingeniero, y es el que paga las cuentas. Ese mes las cuentas se dispararon porque, prácticamente, la traje a ella a vivir conmigo, cinco días por semana en mi casa. A lo mejor eso era lo que mi hermano me estaba cobrando al pedirme prestado los tenis: mis Vans sk8 hi, AK, una edición especial conmemorativa a Andy Kessler, el skateboarder fundador del movimiento Zoo York, fallecido en 2009.
Los tenis los había robado en diciembre de la exhibición de una tienda de cadena, la de un centro comercial exhibía el izquierdo y la de otro el derecho, y aunque eran de distinta talla, uno 8 y ½ y el otro 9, importaba poco. Ella había sido mi cómplice y eso importaba mucho.
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