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JOSE MIGUEL ALZATE
El Diario del Otún
Los lectores de mi libro “Aranzazu, su historia y sus valores” recordarán que, al hablar de nuestros hombres de letras, hago allí una corta valoración literaria de la novela “Amores en la puerta del sol”, de Edilberto Zuluaga Gómez. Digo, entre otras cosas, que en esa novela se presagia a un autor que, de explorar en nuevas técnicas narrativas, podría lograr un libro de mayor consistencia estética, con una estructura moderna. Sostengo que la novela mencionada es una narración lineal, escrita en un lenguaje sencillo, con poco ritmo narrativo. Incluso le recomiendo a su autor que, para depurar el estilo, lea novelistas como Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Miguel Angel Asturias y Juan Rulfo, entre otros.
Pues bien: casi diez años después de haber publicado el libro “Aranzazu, su historia y sus valores”, he tenido la oportunidad de leer nuevas obras literarias de Edilberto Zuluaga Gómez. Y, para ser honesto, debo decir que he encontrado en estos libros a un escritor más maduro, con un lenguaje más plástico, con mejores recursos narrativos. Después de leer “Lecturas en el parque”, un pequeño libro de relatos cortos, puedo decir que me encontré con un escritor más profesional, con un mejor dominio de la técnica y, sobre todo, con un excelente manejo del paisaje. Es decir, en este libro descubro, en hora buena, a un autor que ha alcanzado solidez literaria.
Narrador
“Lecturas en el parque”, de Edilberto Zuluaga Gómez, invita a una nueva valoración crítica de su trabajo literario. Hay en este libro de 80 páginas un narrador más fornido, con un mejor manejo del lenguaje literario. Aunque son relatos cortos, le dan la oportunidad al escritor de regodearse con el estilo, de construir frases efectistas, de realizar siluetas afortunadas de los personajes. En ellos, la anécdota logra que el hilo narrativo despierte el interés del lector. Esto se nota, por ejemplo, en el cuento “Una escena de corraleja”, donde el narrador en primera persona cuenta la historia de un toro que, al ser enlazado por los cuernos, una vez el vaquero ata la soga en el cacho de la silla, el animal lo derriba.
Los relatos del libro “Lecturas en el parque” son pequeñas historias contadas con encanto literario. Como el cuento “Autor inédito”, donde un escritor principiante se deja convencer de un amigo para que publique el primer libro. Le dice que de la venta se encargan los libreros. Entonces el autor se embarca en la edición de 500 ejemplares. Los lleva luego a las librerías. Y se alegra cuando ve su libro exhibido en las vitrinas. La gran paradoja del cuento es que, cuando meses más tarde va a recoger el dinero, se encuentra con que sólo ha sido vendido un ejemplar. Así las cosas, le devuelven 499. Al final descubre que el único comprador fue el amigo que le recomendó la publicación.
Sus pueblos
Los espacios geográficos de las historias narradas por Edilberto Zuluaga Gómez en “Lecturas en el parque” son, en su orden, Aranzazu y Santa Marta. Aranzazu es el pueblo donde el autor vivió los años de su infancia. Santa Marta es la ciudad donde laboró 25 años como empleado bancario. En el cuento “Un día en la ciudad”, bien logrado en su forma literaria, el escritor recrea esa ciudad donde “el sol peina las colinas con su color miel”. Mientras tanto, en el relato “Sonaba la música”, la historia transcurre en Aranzazu. Un dirigente político llega al pueblo y, desde un balcón en la plaza, se dirige a sus copartidarios.
El cuento tiene un final sorpresivo: el balcón cede ante el peso de la gente que acompaña al político. Sin embargo, al caerse, todos salen ilesos. Edilberto Zuluaga Gómez tiene ya una amplia trayectoria literaria. Ha publicado, además de “Amores en la puerta del sol”, la novela “Viaje hacia el amanecer”, ganadora del Premio Nacional de Novela Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia; también “Impacto en el primer movimiento”, que ocupó el primer puesto en el Concurso Nacional de Novela Casa de la Cultura de Salamina. Estas obras, como dije antes, motivan una nueva valoración de su trabajo narrativo. Como lo motiva, igualmente, su ensayo “El incesto en Cien años de soledad”, un opúsculo donde Zuluaga Gómez sostiene que algunas escenas de la novela cumbre de Gabriel García Márquez fueron inspiradas por la obra “Edipo Rey”, de Sófocles.
Relatos cortos de Zuluaga Gómez
• EN UN PRINCIPIO ESTABA EL CAFE
Percibí una soledad absoluta y serví un café. Estaba escrito que al terminar de consumirlo sería el final.
Tomaba sorbo a sorbo y distraído rememoraba lo que faltaba. Esperaba terminar en menos tiempo y el fondo del café era un agujero de color negro. Bajó de la mitad y todo esperaba ese momento. Me acomodé tras el último sorbo y en ese preciso instante empezó el mundo con el estallido del big bang.
• ABANICO DE LETRAS
Un experto en los idiomas retiró la letra “f” de Las Mil y una Noche y fueron reemplazadas por innumerables suspiros. A nadie perjudicó las frases mochas y percibieron un largo sollozo en los libros que componían esta narración. Otros lectores sintieron el fresco de la brisa y un lector con sueño lo conservó como abanico. Nunca lo leyeron, solo sirvió de señuelo.
• TRES ACTOS Y EPÍLOGO
Acto Uno
Un hombre contrajo nupcias en el Recinto del Pensamiento.
Al momento de iniciar el divorcio acudió de nuevo a ese local buscando una respuesta. ¿En dónde estaba la razón ese día?
En la puerta halló un silogismo vigilando la entrada, luego deambulo por el pasillo de la razón práctica y llegó al salón central en donde atendía la razón pura. Estaba desfigurado, nadie lo reconocía.
Acto Dos
Un hombre esperó a Cristo en el camino de la amargura y le dijo:
- Cambio mi cruz por la tuya, Maestro.
- Cuál es la tuya.
- La cruz del matrimonio- dijo el desgraciado.
- No te preocupes hijo mío, estoy próximo a llegar.
Acto Tres
Un hombre después de cuarenta años de matrimonio, alababa las virtudes de tal institución.
- Han sido como quince minutos, pero debajo del agua.
Epílogo
Un hombre de setenta años, asesinó al amante de su mujer. Lo esperó hasta las cinco de la mañana; aprovechó su borrachera y con salvajismo se deshizo de él. Preguntado por la razón de tal acto, contestó: - A mi edad no soporto los humores ajenos.
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