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Eduardo Talero Núñez, una página para la historia de Colombia
Publicado 19/10/2014

Hugo Correa Londoño*

A inicio de 1894 fue hecho prisionero el abogado y escritor Eduardo Talero Nuñez en el municipio de Ubaté (Cundinamarca), como sospechoso de conspirar contra el gobierno de Miguel Antonio Caro quien, en su calidad de Vicepresidente de la República de Colombia, había sucedido a Rafael Nuñez, tio de éste, quien debido a una enfermedad incapacitante había resuelto renunciar a su cargo y regresar a su residencia “El Cabrero” en Cartagena de Indias (Bolívar), a inicios de su mandato en 1892.
 
Enterada Doña Betsabé Nuñez de Talero de la suerte de su hijo, confinado en las mazmorras bogotanas por parte de las fuerzas de seguridad del estado y de su inevitable fusilamiento que decretaría el gobierno de José Antonio Caro, se trasladó a Cartagena.
A pesar del distanciamiento de Betsabé con su hermano Rafael, debido a que su esposo, general del Ejército Liberal, se enfrentó a su cuñado durante las guerras partidistas de finales del siglo XIX, esta se había dirigido desde Ubaté hasta Cartagena en busca de su pariente enfermo.
 
Tanto Núñez como Marco Antonio Talero provenían del liberalismo pero, en su presidencia, el primero se apartó de sus correligionarios para consolidar a lo que se denominó el proyecto de “La Regeneración”, cuyo fin se dio con la consagración de la Constitución Política de 1886, en la cual Colombia pasó de un estado laico a uno confesional. De esta manera, no solo había roto con su partido, también, con su familia por el lado de su hermana y de su cuñado, uno de sus adversarios más enconados.
 
Es en esta difícil situación familiar que Doña Betsabé empieza su travesía desde Ubaté a Cartagena; esto le toma de dos a tres meses en recorrido (dependiendo de la condiciones climáticas), cabalgando a lomo de caballo y mula peligrosas sendas hasta arribar al puerto de Girardot para, después, tomar un planchón que la transportara por el gran rio de “La Magdalena”, la principal vía fluvial de Colombia. Finalmente, llegó hasta “El Cabrero” para implorar clemencia por su hijo, lo que no debió ser fácil dada las condiciones de salud del Presidente Núñez y el distanciamiento político con su cuñado y sobrino; aun así, por último hubieron de primar los lazos de sangre.
 
Con una carta que atendía el pedido de clemencia de su hermano al Vicepresidente Caro, Doña Betsabé regresó, en las mismas condiciones que llegó, a la sede de gobierno en Bogotá un día antes de la fecha del fusilamiento para salvar, de esta forma, la vida de su hijo Eduardo Talero Nuñez. La pena de muerte, en estos casos se conmutaba por la del destierro, Por lo tanto, el penado fue conducido en precarias condiciones, durante 1894, a Cartagena para allí entregarlo al primer barco que pasara con la orden al Capitán de que transportara al reo sin ninguna consideración y fuera descargado o arrojado de la embarcación en el primer puerto de destino.
 
Primero fue Maracaibo y luego Caracas; después Costa Rica (donde se entera de la muerte de su tío, y repudia su memoria con el poema Tirano); más adelante Bluefields en Nicaragua; siguieron Santiago de Cuba, Nueva Orleáns y, finalmente New York. Probablemente, un viaje a Europa del que regresaría a Sur América, a Lima y después a Valparaiso-Chile donde conoce a su novia y esposa Ruth Reed (hija del arquitecto que elaboró los planos y cimientos de nuestro Capitolio Nacional). Este es el periplo del desterrado para anclar, en el año 1898, en Buenos Aires (Argentina), punto de donde partió a dedicar su vida a la provincia de Neuquén donde empleó sus mejores esfuerzos, y levantó lo que se conoce, hoy, como La Torre Talero.
En su destierro y continua errancia, compartió con poetas de la época de la talla de latinoamericanos como lo fueron José Martí y Rubén Dario, Amado Nervo, Enrique Gómez Carrillo, novelista y periodista guatemalteco, y el coterráneo Jorge Isaacs.
 
Entre las obras de Eduardo Talero, se cuentan los libros de poemas La voz del desierto, 1904 Buenos Aires, reeditada por el Fondo Editorial Neuquino en 1995, Ecos de Ausencia, Cascadas y remansos, Troquel de fuego, Por la cultura y Culto al árbol. En Argentina, tuvo a cargo en 1904, como Secretario interino de la Gobernación del Territorio, el largo acompañamiento del traslado de la capital asentada originalmente en Chos Malal, a la Confluencia, lugar en el que crecería la ciudad de Neuquén, ciudad que ayudó a delinear junto con otros dos escritores argentinos, el gobernador Carlos Bouquet Roldán y el ministro de la nación, Joaquín V. González.
 
De la fecha de nacimiento de Talero, hay datos contrapuestos, que señalan la fecha del 11 de noviembre de 1869 en Bogotá y otra del año 1874, al final, lo alcanzaría la muerte el 22 de septiembre de 1920 en San Martín, provincia de Buenos Aires. Sobre este abogado, escritor, y poeta colombiano su nieta, Martha Ruth Talero (ciudadana austral), en una minuciosa recopilación de documentos y cartas abandonadas en baúles, recuperó la memoria de su abuelo quien gozó del prestigio y reconocimiento en la hermana República de La Argentina; por tal razón se editó y publicó, en el año anterior, el libro intitulado “La Torre Talero”.
 
De paso por nuestro país, Martha Ruth, ha visitado nuestro pais, el de sus ancestros; tanto en el año pasado como en el presente para dar a conocer parte de ese rico legado, del cual ya es depositaria la Academia Colombiana de la Historia, la Universidad Externado de Colombia de la cual egresara su abuelo como abogado y de igual forma en Cartagena donde visita las instalaciones del Museo “El Cabrero”. 
*Director del Taller de Escritores Gabriel García Márquez de la Universidad Autónoma de Colombia.
 
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