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Miércoles, Julio 18 - 2018 Pereira - Colombia

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CRÓNICA
Juego de manos ayer por la tarde

Ángel Gómez Giraldo

Ver que el amor es de lavar y planchar, más aún, ver que el amor sabe tirar sus cartas, ve lo que no es y es lo que otros no ven, y hasta le tira los perros de caza a quien le atrae, es como participar de un concierto de violines sin ser invitado.
Sí. Lo vi ayer domingo por la tarde (esta narración fue construida el día lunes), cuando todas las personas habían salido a recrearse por ser festivo y el amor no podía ser la excepción.
Llegué a eso de las 3:00 de la tarde con ese sol “picarón” que se trepó sobre el cenit luego de una leve llovizna.


Efectivamente, llegué con ese amigo mío de nombre Rubén Darío Escudero, de los Escudero de Anserma (Caldas), quienes sin la armadura propia de los caballeros andantes han ganado batallas inimaginadas.
El encuentro después del almuerzo no daba sino para un tinto, y suficiente un tinto negro y caliente, bebida hecha para quemar la angustia existencial de cualquier filósofo quejumbroso.

 

Lo grato
Tan grato encuentro fue allí en la panadería donde se elaboran comestibles tan ricos que corresponden a su ostentoso nombre: Panadería y Cafetería Las Delicias, productos que se pueden consumir leyendo las noticias de El Diario de Pereira, pues este periódico ocupa los pisos superiores del mismo edificio en el centro de Pereira.


Como el amor no se le puede esconder a nadie, es mostrón y se deja ver en público, mientras mi amigo y paisano me contaba aventuras suyas que le tumbaron el cabello prematuramente, puse mi vista sobre la mesa que nos quedaba enfrente... y pilla’o el amor.
¡Ay Dios! En esa mesa desnuda y fría, porque es de aluminio esmerilado, estaba el amor de una pareja normal, también de ayer en el tiempo, en una implosión y explosión de romanticismo, o si se quiere de melón, fruta excesivamente madura.


Amor representado en una mujer y un hombre, adultos mayores ensimismados en sí mismos con un disfrute de ternura frente a frente, envidiable.
Mis ojos se quedaron encima de ellos para verlos mejor a pesar de que Sebastián Sánchez Correa, otro amigo mío de cuerpo y pensamiento griego me ha dicho que una relación sentimental es solo de 2 personas y que una tercera apesta el amor.

 

Retratos
Ella de cabello gris, largo, recogido en una cola a manera de cascada derramada sobre la espalda erguida a pesar de la avanzada edad.
Tez poco quebrada, lozana aún, y ojos claros para rasgos físicos de la mujer paisa.
El, siempre frente a ella, demasiado cerca a su rostro como buscando el beso. Hombre trigueño y con estampa de caballero de esos que ven llover tiempo y años pero que no envejecen. Con cuerpo todavía para dar “Batallas en el Monte de Venus”.


Atleta que acaba de conquistar los picos más altos de la cordillera de los Andes.
Mas lo que me llamó la atención de manera especial fue cómo se comunicaban mirándose las manos, ritual casi sagrado.
Con los brazos acodados sobre la fría base de la mesa y con las manos levantadas como cortejándose sin importarles los demás y como si estuvieran condenados “a morir mañana”.
Limpias, pulcras, finas, sin maltrato, las manos se muestran, se miran, se tocan, se exploran y se entrelazan.
¿Qué tienen esas manos de viejos que se gustan, que se hablan guardando la boca para quién sabe qué otro momento?


Manos de personas ya jubiladas por el tiempo y el trabajo pero bien cuidadas, con buena salud y buen corazón.
De otra manera no estarían fuera de casa haciendo gala de un romanticismo que no los deja morir.
Fácil colegir que no se trataba de esposos, de amantes curtidos o de novios en reconciliación.
Más bien, hombre que no puede vivir sin el amor de una mujer y mujer que no puede vivir sin tener un hombre a su lado, siempre en plan de nueva conquista.

 

Desaparecieron
Durante el preciso momento en que me distraje, la pareja de adultos mayores calientes -lo digo porque tenían cerca a la mesa el horno de la panadería con los grados de temperatura suficientes para dorar el pan- desaparecieron para mí.
Sentí, lo confieso ahora, verdaderos deseos de salir tras de ellos y preguntarles por el destino que llevaban. “¿Hacia dónde se dirigen? Ahora intuyo que me habrían podido responder: “Al motel, amigo”.


Sostienen los psicólogos y sexólogos que, según estudios realizados y contrariamente a lo que se piensa comúnmente, que muchos individuos después de los 60 años continúan teniendo una vida sexual activa. También se sabe que el empleo del cuerpo es una manera de expresar nuestros sentimientos . Así en público, las manos de la pareja son empleadas para revelar los sentimientos de afecto.


Fue el caso de los ancianos protagonistas de esta historia quienes hablaron más con las manos que con la boca y los cuales tan solo comieron un pan con gaseosa de los casi 2000 que diariamente salen del horno.
Mientras que entre los insumos de este producto, según el panadero Julián Morales, se utilizan 12 bultos de harina a la semana y 80 pacas de huevos. Bendito sea pues el pan y aquellos que, pase lo que pase, le salen al paso al amor.

 


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