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Viernes, Diciembre 15 - 2017 Pereira - Colombia

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CRÓNICA
A la Hora del almuerzo A fuego de cocina ecológica

Ángel Gómez Giraldo

Es martes 5 de diciembre y el Megabús llegó a la estación de la carrera 8a. con calle 24 cuando ya se había comido una buena porción de la mañana. Los relojes de pulso y de los celulares señalaban las 10:00 a. m.


En contraste, las manecillas de la torre del templo del Claret engañaban a todas las personas que se fijaban en él con una hora inexacta, las 10:20 de la mañana.


 ¡Quién lo creyera! Al frente, en línea recta, muy adentro de una edificación donde siempre ha funcionado un restaurante, el actual tiene nombre de persona que acaba de comer o se ha enamorado, “Corazón contento”, hay una mujer que se resiste a olvidar, recordando el amor que la puso a comer pétalos de flores pasados con champaña.


 Su nombre es Rosa Ocampo, persona rural de Pereira y no niega que lo hacía en noches de velas encendidas y de corazones locos acompañada de su pareja sentimental, Diego suspiros. Así lo llama.
Al observarla no se puede descartar que comer flores y escanciar champaña es bueno para el cuerpo y para el corazón.

Después
Una hora después. A las 11:00, Marta Liliana Valencia -la chica que vende los pasajes para los usuarios del Megabús en dicha estación- pide disculpas porque el articulado no llega a recoger los pasajeros con la periodicidad acostumbrada: “Es que hay trancón en la avenida del Ferrocarril, vía a Dosquebradas, por las obras de construcción del nuevo puente elevado”, explica. Ojalá que le pongan alas a este puente para que se parezca de verdad al pájaro Barranquero.
La muchacha es atractiva aunque es difícil sacarle una sonrisa así sea retrechera.


A pesar de todo agregó que almuerza a las 3:00 de la tarde cuando termina su jornada de trabajo.
Por fin el Megabús hace su llegada triunfal a la estación y termina la ansiedad de la joven.
Asimismo en el sector del lago Uribe Uribe permanece un hombre bendecido por Dios: Se trata de Alvaro Salazar Díez. Desde hace 3 años viene almorzando a las 12:00 meridiano en compañía de los buenos espíritus en la casa cural de la Iglesia del Claret. Es el cura de esta parroquia.
Si el religioso para estar seguro de la hora del almuerzo se guiara por la que marca el reloj de su templo, tendría que almorzar después de haber desayunado pues no funciona o se le acabó la cuerda.


En cambio, Gilberto Paredes, un joven vestido con la sencillez de overol de dril con el color destrozado por el uso, almuerza cerca de las 3:00 de la tarde: “Mi horario de trabajo es de 6:00 a. m. a 2:00 p. m.” Su trabajo es el barrido y recolección de sólidos en las calles de Pereira. Si no creen pregúntenle a la empresa Atesa.


Bajo las pérgolas con ausencia de veraneras ahora, se le puede salir a uno el corazón y sentir el dolor del desamparo ajeno al oir decir al viejo lustrabotas que pocas veces puede almorzar: “Si consigo para desayunar no consigo para almorzar... y si almuerzo me tengo que acostar sin cenar”.
Laura también pasa la vida y la vida le pasa vendiendo tinto para que muchas personas pasen sus hambres y su pobreza con una bebida caliente.
Nació en el año de 1999 y como es joven de 18 años come más que un parcero. “Almuerzo a la una de la tarde”, hace saber.

En la cocina

A las 11:30 minutos de la mañana Rosa Ocampo ya no tiene tiempo para recordar que ha abonado el amor con pétalos de flores y champaña. Todo es actividad en el área de producción del restaurante donde se desempeña como jefe de cocina.


El fogón, antes improvisado en espacio interior de la edificación o en el patio  con hornillas y  conocido como de leña, ahora es cocina ecológica, libre de todo humo señalan sus propietarios Fabio y Bertha Valencia.


El sol de la mañana se mete todo en esta cocina y aliado con el fuego que produce la leña hacen el infierno donde se cocinan alimentos y se fríen los chicharrones para la bandeja paisa.
Rosa Ocampo se enfrenta a las llamas del fogón así: hierve los alimentos hasta conseguir un buen punto de cocción mientras dora el corazón de mujer enamorada como si fuera manjar gratinado al horno.


En esta revolución de cocina de restaurante participa además Juliana la auxiliar de Rosa, pétalo al dente, y Sergio Betancurt, chef auxiliar  con la mejor sazón sacada de la cocina del Instituto Politécnico Metropolitano de Pereira. Estos dos últimos hacen el colado de piña bueno para la sed y para bajar de peso corporal.


César hace una confidencia que puede llegar hasta los lectores: “Como te parece que estoy calentando un nuevo amor a baja lumbre como se termina de secar el arroz para el seco”.
Ahora puedo asegurar que nada tan parecido al infierno como la cocina de este restaurante ya que consume semanalmente 12 bultos de leña y sin embargo no existe humo para el EPOC.


No puede haber humo aquí porque el comedor del restaurante cuenta con 36 mesas,  chapoleras vestidas de mantel blanco y sobremantel rojo, buenas para abrir el apetito de los comensales.
La especialidad es comida criolla y el mejor plato cazuela de fríjoles cargamanto con la inclusión del secreto de Rosa: Sal solo cuando los fríjoles empiezan a “calar”, zanahoria, cebolla de huevo y todo el color del pimentón”.


Faltando 20 minutos para las doce del día ya estaba una mesa ocupada con el primer comensal: Irma Lucía , empleada del sector financiero de Pereira.
La vi subir las escaleras de ingreso al segundo piso con el entusiasmo propio de las personas que saben que van a almorzar con buen apetito. Es oriunda de Riosucio (Caldas) y se atreve a recalcar: “Allá el hambre me hacía ver el diablo, aquí me hace ver el restaurante”.


Ahora son las 12 y 30 minutos de la tarde. Marta Liliana Valencia, la vendedora de pasajes para usar el Megabús, la  que empezó a laborar temprano, no tiene hambre sino percanta, hambre violenta. Lo mismo Gilberto Paredes Rodríguez, empleado de Atesa que apenas podrá almorzar a las 3:00 de la tarde.


 El cura Alvaro Salazar Díez almorzó a las 12:00 del día en punto y seguramente se encuentra haciendo la siesta con todos los santos.


 A la una y media las chuletas de cerdo, los chicharrones y las cazuela de fríjoles cargamanto aún  se pelean por capturar comensales y batallan sin salirse del aviso que anuncia el menú del día en la calle.
Pienso que la gastronomía pude ser complicada para algunos, pero almorzar a las 11:00 de la mañana es como el “madrugón” de un centro comercial para atraer compradores.

 


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