Date
Martes, Diciembre 11 - 2018 Pereira - Colombia

Facebook Twitter Google Plus One
 
Style1
Testeo de la Modal Window |
CRÓNICA

Artículo leido 3063 veces.

El confesionario del Obispo Baltazar
Publicado 05/04/2009

Angel Gómez Giraldo
 
Confesar es manifestar algo que se había mantenido oculto, dice el diccionario, y para muchas personas es una dificultad, así sea el sentimiento de amor, y cuando se logra  ya se ha tragado mucha saliva, todo por temor a un rechazo.
 Se hace todavía más difícil reconocer las culpas cuando lo hacemos de rodillas ante un sacerdote  para recibir la absolución, teniendo por sabido que lo que se  diga en el confesionario nadie más lo va a saber por ser secreto de confesión.
Hay pecados de pecados, porque el pecado se volvió cuestión de conciencia. Para unos, pecado es hacerle daño al prójimo, mientras que para otros es privarse de algo bueno. Unos cuantos son  tan audaces que cayendo en la autocompasión motilan al pecado con el diminutivo, y de esta manera tenemos que pecadito  es la sardina curvilínea  que deseamos tanto como la mojarra frita.
El  temor a reconocer que hemos pecado es lo que nos hace ver el confesionario  con verdadero pánico, claro está que el terror disminuye  cuando el confesor es un anciano, ya que deducimos que no nos va a escuchar, por aquello de que  con la edad, la persona va perdiendo su capacidad auditiva.
Se comenta con mucha gracia, que los esposos que más fornican  y  las esposas más infieles tienen como confesor a un sacerdote sordo. Nada tan parecido a un confesionario como el confidente. Sin embargo es un riesgo el tenerlo porque, "el que a otro le revela su secreto le entrega su libertad". Además el confidente puede llegar a chantajearnos contándolo todo, y estaríamos caminando desnudos por la calle.
Tienen razón los hombres que aconsejan a otros  contarle sólo a sus compañeras  lo relacionado con los negocios.
Yo conocí a una secretaria que le decía al jefe que no se preocupara por las confidencias que le hacía, y como éste confiara demasiado en ella,  terminó separado de la mujer. El jefe de oficina que no le dice nada a la esposa y se lo dice todo a la secretaria considerando que nadie más lo va a saber, pasa por idiota.

La búsqueda
Durante estos días previos a la Semana Mayor, no he hecho más que pensar en el confesionario, pues confieso que este cubículo, mueble de iglesia donde el sacerdote se ubica cómodamente  para absolver al pecador arrepentido me ha llamado siempre la atención, y pienso que existe gente tan mentirosa que le miente al confesor. Me seduce el confesionario, no tanto porque sea la cesta donde el católico deja sus embarradas sino porque es donde uno cuenta de rodillas  lo que hace en otras posiciones..
Claro está, que cuando el concepto de pecado es personal, se le deja a la conciencia para que lo vuelva chicharrón.
Bueno, esta atracción por el confesionario me condujo a visitar los diferentes templos de la ciudad en busca del mueble histórico, y lo encontré en la catedral de Nuestra Señora de la Pobreza. Se trata del confesionario que la comunidad claretiana, que  al comienzo tuvo la administración del templo, ordenó  construir para Monseñor Baltazar Alvarez Restrepo el cual  llegó a la ciudad con la creación de la Diócesis de Pereira en el año de 1953.
Con una edad de más 56 años este confesionario fue elaborado en madera de pino, para una elegante figura, color, y brillo que da esta madera para los diseñadores de muebles y decoradores de interiores.
No siempre ha permanecido donde se encuentra hoy, en la partes superior lateral derecha de la Catedral. No, puesto que siendo el confesionario  del jerarca,  mientras Baltazar Alvarez Restrepo figuró como Obispo de Pereira no se le movió de la capilla episcopal.
Como se recuerda el primer Obispo que tuvo Pereira renunció por edad a su dignidad de máximo pastor de la Diócesis, por edad, para morir años  después en Medellín.
Llegado el año de 1999 el párroco de la catedral  decidió sacarlo de la capilla y ubicarlo donde hoy lo vemos, para contar con un confesionario más.
El padre Hurtado, actual párroco, hablando de su estilo, dice que es un confesionario tradicional, donde los rostros del confesor y el pecador llegaban a estar muy cerca el uno del otro, pero que en realidad estaban separados por una rejilla cubierta con una especie de cortina de tela, en la parte interior, que impedía que uno y otro se reconocieran, con la ventaja de que el penitente podía confesar lo que fuera sin  sonrojarse.
Baltazar, fuera de ser uno de los  jerarcas de la Iglesia Católica colombiana más respetados, fue también un hombre de fisonomía distinguida y rostro dominante, tan bien parecido fue, que   muchas de las damas de la sociedad lo tenían como su confesor y orientador espiritual, no tanto por obedecer a los mandatos de la iglesia y por ser piadosas sino por tener cerca a ellas un hombre bello. Otras se contentaban  con apreciar su gallardía a prudente distancia, ya que se vivían los tiempos en que se decía que "al cura hay que escucharle la misa y sacarle el cuerpo", y porque los más mayores consideraban que la carne de cura indigesta.

El Rococó
Confesaba Monseñor Alvarez Restrepo tan sólo a las damas de dedo parado y a los caballeros de pies calzados con zapato importado, en la capilla episcopal, decorada con lámparas que iluminaban su interior como lo hace el sol a través del cristal  durante los días de verano,  y por ángeles de yeso pero tan hermosos que daban la impresión de ser importación  del Cielo. Los de ruana y de cotizas se confesaban con sacerdotes de responso y ponchera.
Se cuenta que cuando llegó a Pereira como primer Obispo de la Diócesis,  fue recibido y aclamado como un Papa, y que cuando se sentó por primera vez en la silla episcopal del trono, lo vieron como a un rey.
Su belleza era apolínea, sostienen quienes lo conocieron, cuando fue consagrado Obispo, lo que se puede interpretar como un hombre atractivo que mantiene su actitud masculina. Su mirada era directa  y penetrante como lo es la de la mayoría de los caudillos. Su autoridad de jerarca de la iglesia iba más allá de la autoridad civil, y hasta se atrevió a impedir el nombramiento de gobernantes que estaban por fuera del catolicismo que habían  incurrido en matrimonio civil o en divorcio, cuando no estaban estos estados  dentro de la constitución y las leyes colombianas.
Desde que llegó, mostró  buen gusto y refinamiento. Apenas había echado mano del cayado y oteado el rebaño, cuando hizo uso de su autoridad con una orden que la sociedad pereirana tuvo que acatar sin chistar: exigió la suspensión inmediata de las empanadas bailables del domingo, "acto mundano", con que el Club Colombia, después Rialto, ubicado a unos pocos metros de la Catedral, mantenía la inocencia de las hijas de los socios, el mismo día consagrado al Señor, domingo por la mañana.
Con su voz de trueno dijo desde el púlpito que esa música pagana que se metía sin licencia hasta el altar del celebrante, inquietaba hasta las mismas imágenes, y el olor del guiso para las empanadas despertaba el apetito de sus feligreses. Ese domingo, el último de las empanadas bailables,  el personal más joven del club, doncellas, semisantas, sentían  que se atragantaban, y que las empanadas y demás fritos consumidos a tan tempranas horas del día se le devolvían sin alcanzar a llegar al estómago.

Radical
Era tan radical en sus conceptos y decisiones  que cuando el proyecto de creación del Departamento de Risaralda, no dudó en convocar, también invocar,  a su ejército de santos para que ayudaran a ganar la batalla en contra de  los que se oponían a que se realizara semejante gesta. Esto le costó que la dirigencia de Manizales le respondiera con un ataque judío, o sea de sorpresa, de improperios verbales y escritos. Y como tenía de su parte a todos los santos lo que consiguió fue la condecoración de la Gran Cruz que le impuso  uno de los alcaldes más liberales que ha tenido Pereira, Luis Alfonso López Salazar. Y por supuesto, un nuevo Departamento.
Hasta el confesionario de Baltazar, donde éste tuvo tantos enfrentamientos con el demonio, para salir ganando con la poderosa arma de la cruz, me condujo el pasado lunes el sacerdote Rigoberto Muñoz, a quien no le gustan los santos envejecidos ni los que tienen el mismo rostro lánguido de los vegetarianos, por aquello de que es escultor, pintor y restaurador de la Diócesis. "Es que  a un santo con cara de tuberculoso y debilucho nadie le pide milagros", dice .
Es el mismo religioso que pone cara de San Antonio al momento de bendecir la inocencia de los niños y el arrepentimiento de los más viejos, curtidos por el pecado.
Mirando atentamente el conservado cubículo, llegué a percibir la fragancia de Chanel, el fino perfume que dejaron impregnado en la madera las damas de "dedo parado" que tenían el privilegio de contar sus culpas a Monseñor Baltazar. Estuve a punto de gritar: ¡Milagro!

 

 
Public
 
 
Ico_comentarios Comentar        Ico_enviar-copia Enviar esta nota         Favoritos y compartir Compartir
1 2 3 4 5
  Calif.
votos
  Prom: 0
 

El Diario del Otún no se hace responsable por comentarios que los lectores publiquen en este espacio, ya que son opiniones personales que nada tienen que ver con el pensamiento editorial de este medio. El Diario del Otún se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, vulgar, que atenten contra la intimidad de las personas o que hagan alusión a publicidades.



 


Public



CLASIFICADOS / PUBLISERVICIOS

Adb33c1896515d64e0e5038c31b65978
6aeb9a4032e3eb0fefa027e73bf0ce7d
4682cf392b8a92732d139104ca19a714
Ac0ce5d5b3acb3e6ea2dafaf05c34255
1767ca6715697db9b526da623d139a88
E8d86bc1a9aaca37d0453f0afa290fe7
9bfa6c3a2098b543f49f9e35b24b79c3
81ba0756f6208b6c69a4d3e76468eef1
Mn_clasi1


Portada en formato PDF
COPYRIGHT © 2013 R.R EDITORES Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
Tratamiento de datos personales

07:33