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CRÓNICA

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“Aquí estoy, aquí me quedo”
Publicado 12/02/2017

Ángel Gómez Giraldo

La calle es caliente, hierve como agua en olla pitadora. Parece haber sido hecha con piso de brasas. Calle de mundo urbano donde los hombres caldean sus pasiones. A quienes la vida les importa un carajo. Calle donde siempre hay alguien para quien la vida es un “soplo” o una sobredosis.
Calle 19 de la carrera 9a., vena aorta de la trasnochadora y morena. Calle barata porque aquí abunda la tienda y la canasta familiar nunca sube de precio marcando responsabilidad social de los comerciantes del sector.


Pocos pereiranos lo saben porque le temen a la calle. En cambio yo, no. Menos en estos días que el sol se comporta madrugador. Lleva más temprano a los maestros de construcción a la obra.
La brillantez matutina de ese sol me da confianza y seguridad y entonces me le meto a la calle. La verdad es que un poco de susto pero de no tener nada en los bolsillos.

 

El edificio
De golpe llama mi atención el edificio que ha sido sede del Hotel Mónaco. Por la cara de su estructura parece un barco anclado en el tiempo. Cuatro pisos y casi 10 metros para un frontispicio de línea recta en la arquitectura. Sin embargo tiene sus balcones por donde ya pocos ojos se asoman. Es el paso del tiempo que no perdona ni a un inmueble por bien parado que esté.


Me le acerco como matador al toro y le miro fijamente. !Ay Dios! Descubro que tiene una portada entrada que muestra un marco amplio y atractivo como para que pase la elegancia, diseñado por los arquitectos de la obra civil.
Tiene descenso al parqueadero y ascenso al interior del hotel a través de una romántica escalera en forma de caracol.
Le pongo mis pasos y voy adentro sin morral ni maleta pero con buena actitud del que espera encontrar amplios espacios y lámparas de cristal iluminando grandes espejos de marcos dorados.


Abunda la modestia de estos tiempos pero continúa brillando la pulcritud en sus alcobas.
Son 40 habitaciones y en todas ronda el espíritu de antiguos huéspedes que durmieron sobre sus propias alegrías. Espíritu de turistas que caminaban mucho y dormían poco.
Pude escuchar jadeos de las parejas de esposos que se amaron por primera vez en la comodidad de un hotel iluminado por estrellas.


Expresiones de disgusto de parejas de amantes que intentaron pecar y pasar la noche allí pero quienes fueron devueltos de la administración porque era la época donde solo se admitía poner lo bendito en una sola cama. La algarabía de comerciantes embriagados y felices celebrando el haber hecho en el día buenos negocios y abundantes compras.
Eran también días de los prejuicios brutales -perdón, sociales- y de los amores legalizados como se hace con la mercancía en la aduana.


Hasta vi asomarse por uno de sus balcones a la novia descapullada por el novio la noche anterior anunciando a los cuatro vientos un matrimonio prodigiosamente consumado.
Tal regocijo no le permitía mirar hacia abajo, hacia la calle tan aporreada con la marcha de trabajadoras sociales y consumidores consumidos. Qué importaba aquello si tenía por delante lo mejor que le había dado la vida: un esposo hasta la muerte.

 

Quizás
Quizás el Hotel Mónaco no sea hoy lo que era antes pero el edificio sigue siendo el mismo, resistente a los vientos y a los terremotos, y lo mejor, tan “inteligente” que habla para decir: “Aquí estoy, aquí me quedo”.


Y cómo no si lo construyó Don Alfonso Gómez Naranjo, hombre gallardo de negocios limpios y fructíferos. Orgullo de la sociedad pereirana. Tan audaz que levantó cuatro pisos en un sector urbano que no ha sido el mejor, dando cabida a sus negocios: Hotel Mónaco, Hotel Catbel y Almacén Santander.


En recompensa a su emprendimiento y a una acción social notable, la ciudad lo honró con la condecoración al Mérito Empresarial en el año 2011. Eran tan seguros sus pasos y su marcha tan atlética que aún hoy a los 3 años de haber fallecido su esposa doña Amparo Gómez de Gómez y sus hijos José Mauricio, Gloria Elena y Jorge Iván sienten que desde las estrellas los orienta para que sigan con el mismo éxito en todas las actividades comerciales y sociales.
Cuando se puso en servicio el Hotel Mónaco de Pereira, hace de ello ya medio siglo eran pocos en su especie pero hoy en día son tantos, 179, que le dan buena luz al sector hotelero de la ciudad.


Y no es mentira, pues según datos suministrados por la Cámara de Comercio de Pereira existen en esta ciudad 179 hoteles renovados y registrados en esa misma entidad entre los años 2016 y 1017. Que vengan los turistas a Pereira que al contrario de lo que sostiene el refrán, si hay cama para tanta gente.

 
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